La amenaza nuclear

Agosto 12, 2022 - 11:55 p. m. 2022-08-12 Por:
Elpais.com.co

Entre guerras, tensiones políticas, ejercicios militares en territorios disputados y amenazas de gobiernos tiránicos, la posibilidad de una confrontación nuclear vuelve a tener vigencia. Las consecuencias serían desastrosas para la humanidad y para el medio ambiente, a la vez que la recuperación, si es posible, tardaría décadas.

Zaporiyia, la central de energía nuclear más grande de Europa, genera la mayor preocupación en la guerra que Vladimir Putin le declaró a Ucrania en marzo pasado. Tomada desde el principio de la invasión por las tropas rusas y convertida en base de operaciones militares, se desconoce cuál es el estado de sus reactores, mientras el riesgo aumenta por los recientes lanzamientos de misiles desde su interior y los ataques con cohetes dirigidos hacia el lugar.

Ni el llamado del Organismo Internacional de Energía Atómica para que se permita la inspección de la Central y se determine si se necesitan reparaciones, ni las peticiones de líderes mundiales para que cesen los ataques y se devuelva de inmediato el control de la planta, han sido escuchados. Así se cierne sobre Ucrania, Rusia y el resto de Europa la posibilidad de una tragedia nuclear, con efectos devastadores para todo el planeta.

Esa no es, sin embargo, la única probabilidad de desastre atómico que enfrenta hoy la humanidad. China, potencia nuclear en Asia, intimida con represalias contra Taiwán por la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos a la isla que el gobierno comunista considera parte de su territorio. Y la tiranía de Corea del Norte aprovecha la situación para volver sobre sus viejas amenazas de atacar a Occidente, y la posibilidad de retomar el acuerdo nuclear con Irán se desvanece por la determinación de Israel y los países árabes sunitas de impedir que desarrolle una bomba atómica.

Ese panorama indica que la posibilidad de una confrontación atómica no es tan lejana. Y que se pueden producir desastres como el de Fukushima, ocurrido en Japón en el 2011 que aún contamina los océanos, o el peor, el de Chernóbil, al norte de Ucrania donde un error humano provocó el 26 de abril de 1986 la explosión de varios reactores y la liberación de 500 veces más materiales radioactivos que la bomba de Hiroshima.
Durante varios meses los gases cubrieron a Europa y parte de Norteamérica, cientos de personas murieron y miles aún sufren enfermedades relacionadas con esas emanaciones. La vida animal y vegetal desapareció y hoy casi cuatro décadas después apenas empieza a recuperarse.

Por ello, si la humanidad no encuentra soluciones a los conflictos que pueden desencadenar tragedias nucleares, el panorama es sombrío. Además de la muerte de miles de seres humanos, el medio ambiente sería sacrificado, la fauna y la flora desaparecerían, se envenenarían las fuentes de agua potable, las tierras quedarían yermas por siglos y el desequilibrio ecológico sería catastrófico.

¿Acaso es el futuro que le espera al mundo por la ambición de poder, por el riesgo de un accidente y la incapacidad de la comunidad internacional para detenerlos?

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