Incendios letales

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Incendios letales

Septiembre 13, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

El más reciente incendio en las montañas de Dapa comenzó hace seis días y hasta ayer los esfuerzos por apagarlo resultaban infructuosos. A principio de semana fueron las lomas del oeste de Cali las que ardieron incluso poniendo en riesgo zonas pobladas. Son desastres ambientales cada vez más frecuentes en el Valle, que arrecian en tiempos de sequía y llevan en su mayoría la firma de manos criminales o imprudentes.

Los incendios del último mes en Dapa, que han dejado 650 hectáreas arrasadas, son los más graves registrados en el departamento este año, pero no son los únicos. La cuenta va en 1780 quemas vegetales, de las cuales 500 se catalogan como incendios forestales; a ellas se suman otras 528 conflagraciones ocurridas en Cali, como las que entre lunes y martes afectaron los cerros de Cristo Rey y Las Tres Cruces, amenazaron sectores habitados e incluso pusieron en riesgo al Zoológico de la ciudad.

Son tragedias que no pueden seguir ocurriendo, mucho menos cuando se sabe que el 90% de esas conflagraciones son provocadas intencionalmente o por descuido. De las denuncias hay que pasar a las acciones, a imponer la autoridad, encontrar a los culpables y hacer funcionar a la Justicia para que los pirómanos sean castigados.

La recuperación de las zonas afectadas es una prioridad, que demanda recursos económicos importantes. Pero no puede permitirse más que esas inversiones y esfuerzos que se hacen, en los que la comunidad participa demostrando su compromiso como se ha visto en el último año con la reforestación del Cerro de Cristo Rey, sean efímeros y se pierdan porque en cuestión de semanas vuelven a ser blanco del fuego provocado.

Para evitar que los incendios forestales sigan haciendo estragos es imprescindible contar con el presupuesto necesario, en primer lugar para que los cuerpos de bomberos y los organismos de socorro tengan las herramientas para actuar a tiempo y combatirlos. Así mismo, para perseguir a quienes promueven las quemas con la intención de lucrarse, ya sea para alentar las invasiones ilegales o para despejar tierras para la siembra o el ganado.

También es necesario educar a caleños y vallecaucanos para que tomen conciencia sobre la responsabilidad de cuidar los recursos naturales de la región, para que sean precavidos sobre todo en estas épocas de intenso calor y para que denuncien a quienes hacen ese daño. Ese compromiso es hoy más necesario que nunca frente a fenómenos como el del calentamiento global, que hará subir cada vez más las temperaturas y prolongará las temporadas de sequía, una realidad con la cual hay que aprender a convivir.

De esa conciencia ciudadana dependerá en buena parte que se eviten los desastres causados por los incendios, y que se proteja la vida que siempre se pone en riesgo cuando ellos ocurren. Cali y el Valle no pueden permitir que sus montañas y cerros, que son también sus pulmones ambientales, sigan sometidos a las inclemencias del fuego y a las manos criminales de quienes lo provocan.

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