Editorial

Groenlandia o el futuro del mundo

Se pondría entender que Trump sienta temor de que Rusia o China quieran apropiarse de la isla, pero sus métodos arbitrarios han llevado a que hasta en su propio partido se escuchen muchas voces que rechazan la idea de invadir esa zona del Ártico.

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Groenlandia
(FILES) Apartment buildings and houses are pictured in Nuuk, Greenland, on March 24, 2025. Greenland's Prime Minister Jens-Frederik Nielsen said on January 14, 2026 now was "not the time" to talk about the Arctic island's future independence and jeopardise its right to self-determination, as US President Trump ramps up threats to take control of it. (Photo by Juliette PAVY / AFP) | Foto: AFP

20 de ene de 2026, 02:27 a. m.

Actualizado el 20 de ene de 2026, 02:27 a. m.

Ad portas de cumplirse cuatro años de la invasión de Rusia a Ucrania lo que menos necesita el mundo es que haya un nuevo enfrentamiento militar en el mundo, y menos que involucre a las grandes potencias.

Por eso resultan tan preocupantes las noticias que se están produciendo alrededor de Groenlandia, la vasta isla sobre la que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha puesto sus ojos, pese a que es claro que depende de Dinamarca.

En efecto, desde enero del año pasado, cuando el republicano inició su segundo mandato, expresó su deseo de comprar esos 2,166 millones de kilómetros cuadrados del Ártico que son mucho más que hielo: posee grandes reservas de minerales y tiene un alto valor geoestratégico.

Ambas cosas han llevado a la Casa Blanca no solo a insistir en esa solicitud sino a no descartar la posibilidad de hacerse a la isla por la fuerza, tal vez como lo hizo en territorio venezolano para capturar a Nicolás Maduro y su esposa.

Un riesgo de invasión que al parecer Europa no ve lejano, dada la solicitud que Dinamarca y Groenlandia le acaban de hacer a la Otan para que envíe tropas a esta última y los reclamos que varios gobiernos del Viejo Continente están haciendo para que se respete la autonomía de la isla, cuyos habitantes en su mayoría no están interesados en pasar a depender de Washington, según los sondeos de opinión que se han conocido.

Y hasta se pondría entender que el presidente Trump sienta temor de que en algún momento Rusia o China quieran apropiarse de Groenlandia, pero sus métodos son tan arbitrarios y faltos de concertación que hasta en su propio partido, el republicano, ya se escuchan muchas voces que rechazan la idea de enviar tropas para que invadan la isla.

Así, si algo ha logrado el mandatario estadounidense con su actitud desafiante, es que haya coincidencias en su contra, como que en su propio país se hagan marchas rechazando su iniciativa expansionista, mientras varias de las naciones que integran la alianza militar internacional han reaccionado con vehemencia a la amenaza de aumentarles los aranceles si la OTAN dice sí a la petición de Groenlandia y Dinamarca de llevar soldados para que garanticen la seguridad en esa ahora disputada zona del Ártico.

Justo este 20 de enero, cuando arriba a su primer año en el poder de su segundo mandato, es hora de que el Jefe de la Casa Blanca, o al menos sus asesores, reflexionen sobre hasta dónde piensa llegar Washington para lograr cumplir las metas que se fije en el resto del mundo, pasando por encima de la geopolítica y de la autonomía de los Estados consagrada en el derecho internacional.

Y es momento también de que entes multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas sean empleados a fondo para el cumplimiento del propósito para el que fueron creados, como es el de prevenir futuras guerras que puedan causar una devastación tan grande como la que causó la Segunda Guerra Mundial.

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