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El retorno de la tranquilidad

Mayo 04, 2021 - 11:55 p. m. 2021-05-04 Por: Editorial .

Una semana después de iniciada la protesta social, la situación de Colombia, en especial de Cali y el Valle, es más que preocupante. Es el momento para reclamar la unión que permita defender a la sociedad y al Estado de Derecho del desafío que les están planteando quienes promueven la violencia, atemorizan a la ciudadanía y siembran la muerte en las calles de la capital vallecaucana.

Hoy es fundamental establecer el diálogo como la forma para encontrar las salidas que demanda la situación. Un diálogo a nivel nacional para que se depongan esas pretensiones y se le dé forma a la salida a la crisis que están viviendo la economía y las finanzas públicas e imponerse a nivel regional y municipal para que termine la violencia de los últimos días.

Lo acontecido desde el 28 de abril indica que Cali se ha convertido en un laboratorio de estrategias para generar el caos a través del bloqueo y los ataques, y propiciar situaciones como las sucedidas en la tarde y la noche del lunes en Siloé y La Luna. El resultado son confrontaciones sangrientas, y la destrucción, al atacar el sistema de transporte masivo así como los establecimientos privados y públicos de la capital del Valle.

De ahí nace la propuesta de diálogos que promueve el alcalde Ospina, siempre y cuando estén dirigidos a respetar el orden constitucional, a levantar los bloqueos en Cali y a rechazar a los violentos. Es el Estado el que está obligado a romper esa amenaza y garantizar la tranquilidad para la gente, mientras que la sociedad debe colaborar en ese propósito.

Por eso cobran importancia los movimientos que se dieron ayer, en los que cientos de personas vestidas de blanco salieron a recuperar espacios, las calles y sitios vandalizados en el oeste y el sur de la ciudad, expresando su solidaridad con la Fuerza Pública. O en la entrada a Dapa donde la comunidad logró el desbloqueo de la vía, se encargó de limpiarla y restableció la movilidad.

Esa es la manera de cerrar la puerta a quienes siembran el caos sin usar el lenguaje de la descalificación contra quienes respaldan la democracia.
Y de alinear a los políticos y los partidos que participan en el manejo del Estado, del país, el departamento y la ciudad para que rescaten el orden con los instrumentos de la democracia y la Constitución, a través de las entidades que fueron creadas para ese fin.

Es el momento de defender la institucionalidad en Cali, en el Valle del Cauca y en el país ante el ataque que se está presentando y que ya dejó de ser una protesta social. Para ello hay que tener claridad y poner a un lado a las diferencias y aspiraciones políticas para proteger a la Nación y apoyar a quienes encarnan la legalidad, sin dejar de reclamar que cumplan con la función para la cual fueron elegidos y para exigir que no se permita el uso excesivo de la fuerza.

Esto tiene que ser realidad con decisiones efectivas e inmediatas que devuelvan la vigencia de las instituciones. Nada se gana con la retórica descalificadora o con acordar compromisos que no se cumplen. Son los ciudadanos los que se necesitan para la recuperación de la sensatez en Cali.

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