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El reto de Chiribiquete

Julio 03, 2018 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Permanecer oculta durante millones de años fue lo mejor que les pudo pasar a la Serranía de Chiribiquete y a los tesoros que encierra entre su espesa selva. Ahora, cuando 30 años después de su casual descubrimiento ha sido declarada Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad, la responsabilidad que tienen Colombia y el mundo de proteger esta gran reserva es aún mayor.

Hasta 1987 nadie sabía que al norte de la región Amazónica, entre los departamentos de Guaviare y Caquetá, existía una extensa zona inexplorada, que albergaba secretos desconocidos e inimaginables. La casualidad llevó a que ese año, en un vuelo rutinario de trabajo, el director de Parques Nacionales observara unas montañas rocosas altísimas, con cimas planas, que sobresalían en el paisaje y de las cuales no existían referencias en los mapas nacionales.

Eran los tepuyes, formaciones geológicas de entre 1.500 y 2.000 millones de años, que en sus paredes verticales guardaban otro misterio: una de las mayores muestras de arte rupestre del mundo, con dibujos hechos hace 20.000 años, conservados intactos y de los que se cree son restaurados cada cierto tiempo por las comunidades indígenas que habitan en la zona y se mantienen aisladas de la civilización. Dos años después, en 1989, Chiribiquete fue declarado oficialmente Parque Nacional Natural.

El lunes, cuando se hizo el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Mixto, cultural y natural, de la Humanidad, el Gobierno tomó otra decisión importante, llevar hasta cuatro millones doscientas sesenta y ocho mil hectáreas el área de protección de la reserva. Con ello la Nación manifiesta su compromiso de conservar intactos los ecosistemas así como centenares de especies animales y vegetales, muchas endémicas, que hay en el lugar.

Ese es un paso más para resguardar a Chiribiquete, a su muestra única de arte rupestre de la que se han contabilizados 70.000 pictogramas pero pueden llegar a 250.000, lo que la hace una de las más importantes del mundo, así como para salvaguardar a las tribus indígenas que habitan en el lugar sin contacto con el mundo externo. El reto, sin embargo, es mucho mayor.

No basta con ampliar las fronteras o con prohibir el turismo cuando tantos enemigos acechan en los límites de este gran Parque Natural. Ya se ha visto cómo la deforestación se acerca de forma peligrosa hacia la reserva o el afán de la minería ilegal por entrar a un territorio pletórico de riquezas. Para impedir esos avances se necesitan mucho más que los 40 funcionarios de entidades ambientales que hoy actúan en la zona; es necesario que de las manifestaciones se pase a los hechos.

Si se quiere cuidar a Chiribiquete se tienen que garantizar los recursos financieros necesarios para que el Ministerio del Medio Ambiente y la Dirección de Parque Nacionales puedan actuar. A las comunidades que habitan en la periferia hay que comprometerlas con su protección pero también incentivarlas para que sientan que vale la pena convertirse en guardianas de ese tesoro que las rodea. Y a los colombianos hay que inculcarles el respeto por el que puede ser su más invaluable tesoro natural y cultural.

Chiribiquete ha sobrevivido intacta por millones de años. La responsabilidad de todos es que se conserve igual para orgullo de Colombia y para beneficio del Planeta.

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