El pueblo contra el pueblo

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El pueblo contra el pueblo

Noviembre 04, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

La evolución de la crisis en Bolivia puede llegar a situaciones impredecibles si no se produce el acuerdo que se requiere. Es el deterioro de las condiciones, que se originó en la negativa a atender el resultado de un referendo en el 2016 que negó la posibilidad de una cuarta reelección del presidente Evo Morales.

El origen está en ese referendo que Evo Morales perdió el 20 de febrero de 2016. No obstante, tanto el Tribunal Constitucional, es decir los jueces, y el Tribunal electoral, el poder político, avalaron la participación de un presidente que no parece interesado en aceptar su retiro ni en dejar el poder. Es decir, el Estado en su conjunto demostró su unanimidad y su interés en mantener en la presidencia a quien lleva allí doce años.

Vinieron las elecciones y sus resultados fueron tan polémicos que la confrontación llegó a las calles. El sorprendente cambio en los resultados de un conteo cuya tendencia hacía prever una segunda vuelta se convirtió en el detonante de la protesta que lleva ya quince días. Ni siquiera el anuncio de un reconteo por la Organización de Estados Americanos ha servido para detener lo que es un estallido de inconformidad sin antecedentes en Bolivia.

Hoy, las principales ciudades están paralizadas por la protesta de los contradictores de Morales que reclaman por lo que califican de fraude en las elecciones del pasado 20 de octubre y ya empiezan a pedir la salida del Presidente. Y al frente están los partidarios de Evo, quienes parecen dispuestos a confrontar la protesta, movilizados claro está por el gobierno y su partido, el instrumento para amedrentar a los opositores.

Ahora, la falta de claridad ha llevado a que los sectores radicales contrarios a Evo tomen la delantera para exigir, ya no el reconteo y la revisión imparcial sino la renuncia del presidente y la convocatoria a nuevas elecciones. Frente a esa posición, que al parecer deja de lado el liderazgo del expresidente y candidato Carlos Mesa, está el reclamo de Morales y de su régimen que usan el consabido y previsible argumento del imperialismo yanqui como promotor de un golpe de Estado en su contra.

Al parecer, lo que hay en Bolivia por ahora es un peligroso diálogo de sordos que revive confrontaciones raciales e ideológicas jamás resueltas en el país andino, a pesar de la indudable estabilidad que Morales le dio a las instituciones bolivianas, y al progreso económico y social que ello trajo consigo. Y un resurgimiento de la tradicional disputa entre La Paz, la capital del gobierno, y regiones como Santa Cruz de la Sierra en las cuales se genera la mayor parte de la riqueza de Bolivia.

La preocupación es si el radicalismo que aprovecha la incertidumbre y está aflorando en muchos sectores de ese país impedirá que se encuentre una solución para restaurar el orden legal y permitir que la democracia dirima el conflicto. O si, como puede pasar, la confrontación que surgió de no respetar el veredicto popular del referendo en el 2016 lleva a una batalla del pueblo contra el pueblo, en la cual no habrá vencedores y perderá toda la nación boliviana.

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