El final del crimen

Mayo 26, 2022 - 11:55 p. m. 2022-05-26 Por: Editorial .

Narcotráfico, control de rutas para transportar la cocaína, disputas por el territorio que les permita manejar la minería ilegal que crece en Venezuela y la complicidad de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad de ese país. Todo eso, menos la existencia de un compromiso político o social, es lo que está detrás del último de los cabecillas de las disidencias asesinado en su cama mediante una bomba.

Alias Gentil Duarte se denominaba el tenebroso personaje que cayó hace pocos días en un paraje selvático de la vecina república. 35 años estuvo en las Farc, cometió los actos de terrorismo y violencia más crueles y fue parte de la delegación que negoció el acuerdo con el Gobierno Nacional en La Habana. Luego traicionó el compromiso y se convirtió en uno de los más importantes jefes del tráfico de drogas en Colombia.

En su accionar no había nada que se relacionara con algún ideal. Sus últimos años fueron una guerra a muerte con facciones de la otra disidencia comandada por alias Iván Márquez, quien dirigió la negociación de paz. O contra el Eln que le disputaba el control de su negocio y de sus actividades criminales.

Y todo ocurrió en Venezuela, a donde huyó de la persecución de la Fuerza Pública colombiana, en busca de abrigo, por supuesto pagado a integrantes de la dictadura. Como les ocurrió a otros personajes a quienes ‘Duarte’ mandó a asesinar cayó una noche, víctima de un bombazo. Al igual que ‘Jesús Santrich’, ‘El Paisa’, ‘Romaña’ y tantos otros criminales de alto perfil en el sórdido mundo que protegen el gobierno de Nicolás Maduro y muchos de sus generales y comandantes, terminó asesinado, al parecer, por sus rivales en el negocio.

De todos ellos, sólo ‘Márquez’ queda vivo, según se sabe escondido y protegido por el régimen venezolano. Pero detrás de ellos viene una nueva generación de crueles y sanguinarios delincuentes que igual siguen manejando los hilos del narcotráfico mientras ordenan asesinar en Colombia, realizar ataques terroristas indiscriminados o reclutar menores de edad para sus turbios intereses, y sus aliados persisten en mostrarlos como defensores del pueblo o integrantes de una causa noble.

Un aspecto no menos inquietante es la manera en que Venezuela ha sido convertida en epicentro de la violencia que trae la lucha mortal entre facciones asentadas allí con el beneplácito de quienes ejercen el poder.
Por ello, la nación vecina es sindicada de aliarse con el crimen internacional, mientras desde allí se preparan y ejecutan toda clase de atentados criminales contra Colombia, en lugar de combatirlo como corresponde a cualquier Estado.

Aunque siempre debe lamentarse la muerte de un ser humano, en especial cuando se produce en hechos atroces, la verdad es que el final de ‘Gentil Duarte’ genera un gran alivio al pueblo colombiano, en especial, a quienes habitan las regiones donde él acostumbraba a cometer sus tropelías. Es el final de una carrera marcada por el mal que causó a miles de familias y destruyó el futuro de jóvenes que han sido involucrados en ese mundo en el cual solo existen ambiciones y donde no hay valores humanos.

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