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El drama de San Andrés

Octubre 05, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Mientras el territorio continental de Colombia avanza en su recuperación, San Andrés y Providencia siguen sumidas en el desconcierto. Es quizás la peor crisis en su historia, mezclada con una reducida capacidad logística e institucional para atenderla.

Primero fue el confinamiento que obligó a cerrar durante seis meses las puertas al turismo, principal fuente de sus ingresos. Las consecuencias se ven en los centenares de locales vacíos, de restaurantes cerrados y de negocios cancelados, y un desempleo que no se ve pero golpea a la mayoría de los habitantes de las islas causando un grave problema social.

La parte buena de ese aislamiento se reflejó en el número de contagios por el coronavirus, lo que por fortuna no requirió de grandes ocupaciones en una precaria red de salud, donde su hospital se destaca por su mal estado. Ahora, cuando se ordena la reapertura de ese turismo, se dispara el contagio en cifras que triplica el número de personas que requieren atención hospitalaria y de fallecidos a causa del Covid-19.

Desde el principio de la pandemia, el Ministerio de Salud anunció la instalación de 16 Unidades de Cuidados Intensivos en el Clarence Lynd Newball Memorial, que se suponía debían funcionar desde hace cuatro meses. Apenas fueron puestas en servicio hace una semana y a los tres días debieron ser clausuradas y los pacientes trasladados porque se produjo una inundación que pudo ser prevista ante el mal estado del centro de salud.

De otra parte, la situación económica de San Andrés y Providencia, tanto para sus habitantes como para el departamento, es calamitosa. No hay empleo porque no hay turismo, y sus finanzas departamentales están paralizadas pues durante seis meses no recibieron la parte que les corresponde de los $125.000 que debe pagar cada uno de los más de un millón de turistas que al año llegan a las islas.

Y si algo faltaba, su Gobernador, recién elegido, está en detención domiciliaria. En consecuencia lo que existe es una interinidad sin posibilidades de atender una emergencia que se extenderá mientras no termine la pandemia o, por lo menos, haya una infraestructura idónea para atender los brotes de una epidemia que lleva ya más de 1500 contagiados y cerca de 20 decesos.

Sin duda, la clase política de San Andrés tiene gran parte de la responsabilidad sobre lo que ocurre, pues los últimos gobernadores son o han sido procesados y sentenciados. Pero también es innegable la improvisación del Estado central que no ha podido ni siquiera dotar de un hospital adecuado para sus 80.000 habitantes y los turistas que llegan a la isla.

Lo que está pasando en San Andrés es la muestra de un centralismo incapaz de atender la provincia colombiana y de cómo el clientelismo se apodera de los gobiernos locales y regionales sin que haya una reacción para asegurar una administración transparente y eficaz de los recursos públicos. Esa porción de Colombia necesita la ayuda y el apoyo de todo el país. Sus habitantes padecen una tragedia de grandes proporciones y el turismo es imposible pues no hay las condiciones idóneas para atender el riesgo que significa la apertura a los viajeros.

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