El diálogo social

El diálogo social

Abril 09, 2019 - 11:20 p.m. Por: Editorial .

Cumpliendo con su compromiso y no obstante los riesgos que anunció el Fiscal General de la Nación, el Presidente de la República viajó a Caldono para reunirse con los representantes de la minga indígena que durante 27 días mantuvo bloqueada la vía Panamericana. Sin embargo, los directivos del Consejo Regional Indígena del Cauca consideraron un incumplimiento que el presidente Iván Duque no obedeciera su exigencia de realizar el encentro en la plaza pública.

Al municipio caucano viajaron también el Procurador General, el Defensor del Pueblo, el delegado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los gobernadores de los departamentos del Cauca y del Valle, varios ministros del Gobierno Nacional y los integrantes de la comisión negociadora que firmaron el acuerdo que precedió al levantamiento de la prolongada toma. A los dirigentes del Cric se les explicó de todas las maneras posibles que las advertencias de la Fiscalía hacían necesario cambiar el sitio, y se les ofreció la Casa Lúdica o la Iglesia para realizar el encuentro con las cuatro mil personas que estaban reunidas en representación de las comunidades indígenas.

Pero no valió ese gesto, ni la intermediación del Procurador. Tres horas estuvieron el Presidente y quienes lo acompañaron en el viaje para dialogar con los indígenas, a la espera de que los integrantes del Cric cambiaran su posición y accedieran a nombrar una delegación de doscientas personas que serían escuchadas como voceros de las comunidades. Se produjo entonces la decisión del Primer Mandatario de todos los colombianos de retirarse, pues estaba claro que lo que existía era un pulso de poderes planteado por los directivos del Cric.

Y como era de esperar, mientras el Presidente explicaba de manera pública las razones de ese desencuentro y la decisión de no aceptar en adelante ninguna vía de hecho que perjudique a los colombianos, los dirigentes y voceros del Consejo Regional Indígena del Cauca volvieron a mostrar su arrogancia al exigir que el Mandatario actuara como ellos requirieron y al amenazar con nuevas movilizaciones que, a no dudarlo, tendrá nuevas tomas.

Ese infortunado resultado no es más que la consecuencia de pensar que las demostraciones de fuerza pueden imponerse por encima del ordenamiento jurídico. Y que las exigencias y amenazas son superiores a la prudencia que debe existir para proteger la integridad del Presidente como persona y como jefe del Estado. Así, el diálogo democrático que debe existir entre gobernantes y gobernados trata de ser reemplazado por inaceptables pulsos y demostraciones de fuerza, originados en inocultables intereses políticos.

Ojalá, en las comunidades indígenas se revise a fondo la actitud de la Cric frente al presidente Duque y el interés que muestran sus directivos de producir una confrontación con el Estado. Y que se pueda superar el lenguaje de las amenazas que beneficia a los grupos de violencia, permitiendo el regreso del Primer Mandatario de todos los colombianos y el establecimiento de un diálogo social tranquilo y fecundo en medio de las diferencias normal de una sociedad democrática.

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