El desastre del fútbol

El desastre del fútbol

Junio 04, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Una y otra vez, la protesta y la denuncia de hechos que atentan contra la concordia hacen reclamar por la violencia que rodea el fútbol en Colombia. Las autoridades de los municipios donde se realizan los partidos, los medios de comunicación, la Policía y las comunidades afectadas deben hacer un frente común para encarar lo que se ha convertido en una amenaza pública.

La semana pasada, espectadores que asistían al estadio Pascual Guerrero de Cali realizaron actos bochornosos por los resultados del partido en el cual terminó eliminado el América. Y el pasado fin de semana se conoció un video en el cual hinchas de Millonarios golpeaban en forma salvaje a una mujer, luego de salir del estadio de Santa Marta.

Sean locales o visitantes, los equipos ya no parecen ser aquellas divisas que participan en el normal desarrollo de un partido donde se pueden producir resultados favorables o adversos. Ahora son disculpa para crear grupos de personas en los cuales se confunden los más variados comportamientos que incluyen la venta y consumo de drogas y otra clase de delitos y delincuentes, los cuales desencadenan hechos descritos en las leyes penales como antisociales por el daño que causan a las comunidades.

Y la Policía o las alcaldías deben dedicar recursos y esfuerzos para tratar de impedir los desafueros que con frecuencia dejan muertos y heridos en las ciudades, en las carreteras, en los alrededores de los estadios y en su interior. Después, se expiden reglamentos para organizar el acceso a los escenarios o leyes para sancionar a los vándalos y declaraciones de condena que se las lleva el viento, que no se cumplen ante las dificultades para aplicarlas o la reacción de los mismos equipos.

¿Quién le responde a la señora que fue violentada en Santa Marta? ¿Cómo se podrá lograr que en Cali no vuelvan a producirse estallidos de violencia y destrucción cuando los equipos locales son derrotados? ¿Cómo se detendrá el terror que empieza cuando buses repletos de supuestos hinchas terminan protagonizando batallas campales en las carreteras o desencadenado enfrentamientos y delitos de todo género en las ciudades a las cuales asisten?

El fútbol no es para eso. Y mucho menos para que la tolerancia con esas conductas anormales y peligrosas sea motivo para el miedo y la violencia, mientras la indiferencia vuelve a permitir que les regalen entradas a las tenebrosas ‘barras bravas’. De eso son víctimas también los clubes que ven cómo se reduce la asistencia de los verdaderos aficionados y deben pagar sanciones como el cierre de sus estadios, porque los que consideran como seguidores fieles les arrebataron sus banderas para convertirlas en motivo de zozobra.

Una y otra vez, casi cada semana, la noticia deportiva debe dar paso a la crónica roja sobre los hechos sangrientos o el vandalismo que desde hace muchos años afecta al fútbol nacional y lo aleja de los colombianos, así nuestra selección sea la razón para unirnos. Por ello hay que repetir una y otra vez que ese deporte debe ser rescatado de la violencia. Y para ello se necesita decisión.

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