El derecho a respirar

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El derecho a respirar

Febrero 21, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Lo más parecido a una reacción en cadena sucedió en las últimas semanas en las principales ciudades del país. Primero fueron los cielos grises que cubrieron a Bogotá; siguieron las nubes de hollín y polvo en Medellín; más tarde las alarmas se prendieron en Bucaramanga y por segunda vez en un mes el sur de Cali entró en alerta ambiental.

En todas ellas hubo un denominador común: la contaminación del aire, que llega a niveles extremos y pone en riesgo la salud de la población, como lo demuestran las 15.000 personas que según el Instituto Nacional de Medicina mueren cada año en Colombia por enfermedades relacionadas con esos eventos.

Si esa es la calidad del aire que están respirando los colombianos, no basta con que se decreten las alarmas amarillas, naranjas o rojas, como se ha hecho hasta ahora. La urgencia es encontrar de dónde provienen las emisiones elevadas de micro partículas, que superan los mínimos establecidos por la Organización Mundial de la Salud, y determinar las acciones que se van a emprender para lograr su reducción.

En esta ocasión el origen no está exclusivamente en los vehículos que se mueven con gasolina o diésel, ni en las emanaciones que producen las fábricas del país, los dos factores que más inciden en la polución. Los incendios forestales están influyendo de una manera impredecible en ese fenómeno ambiental, tal como se ha detectado en Bogotá, Antioquia o Santander, donde en las primeras semanas del 2020 ha llegado el humo de medio centenar de conflagraciones ocurridas en diferentes regiones del país.

En el caso del sur de Cali, las autoridades ambientales han relacionado la situación con las quemas de cultivos en su periferia, lo que unido a los conocidos problemas de movilidad en ese sector, ha llevado a un aumento inusitado de micro partículas dañinas para la salud. La ciudad, que siempre se vanaglorió de tener la mejor calidad del aire, pareciera perder poco a poco la ventaja que le dan su ubicación geográfica, su cercanía al Pacífico y la rosa de los vientos que por ello se forma y que hasta ahora había alejado rápidamente la polución.

La realidad es que el aire en las principales ciudades colombianas está cada vez más contaminado, y es necesario emprender acciones para evitar que se llegue a situaciones extremas como decretar la alerta roja y paralizar las actividades cotidianas porque ni siquiera se puede caminar en las calles debido a la polución, como ya ha sucedido en Medellín. Por supuesto hay que reducir el uso de automóviles o hacer la conversión hacia aquellos que sean amigables con el medio ambiente, así como promover las energías limpias y adelantar cuanto antes esa transición.

Lo más difícil será revertir los efectos del cambio climático, razón principal por la cual hoy hace más calor en el planeta, los incendios forestales son más frecuentes, su propagación más rápida y sus cenizas viajan hasta alcanzar los centros donde se concentra la población. Mientras no se puedan detener esas causas, Cali, Bogotá, Medellín o cualquier urbe del mundo estarán condenadas a que a sus ciudadanos se les niegue el derecho de respirar un aire limpio.

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