El círculo vicioso

Agosto 27, 2020 - 11:55 p. m. 2020-08-27 Por: Editorial .

Además de los graves problemas que arrastra, al sistema de transporte masivo de Cali le aparecieron otros, provenientes de la emergencia causada por el Covid-19 y la contracción que ordenó Metrocali. Es el momento para revisar a fondo el MÍO y conjurar la crisis que afecta el servicio público de transporte en la capital del Valle.

Como solución para el ordenamiento urbano de una ciudad que crece, el MÍO es un gran esfuerzo por ordenar el tránsito y la comunicación de una urbe que se expande de manera desorganizada. Desde esa perspectiva se justifica que el Estado, en este caso el municipio y el Gobierno Nacional, inviertan en él y estén dispuestos a subsidiar su operación para asegurar a sus usuarios un servicio eficiente y oportuno.

Pero también requiere que sea manejado como una empresa que debe responder a su obligación de ofrecer el servicio, un monopolio que tiene asegurada la demanda y a la cual debe atender. En el caso de Cali, esa labor se cumple mediante una entidad, Metrocali, que administra el sistema y aporta la infraestructura, y cuatro operadores privados que apoyan los buses y el personal necesario para cubrir las rutas y satisfacer
esa demanda.

La historia no ha sido la mejor, a pesar del compromiso que han mostrado las sucesivas administraciones municipales para cumplir con la promesa que se le hizo a la ciudad. Por múltiples razones que no son del caso enumerar, el sistema no ha podido llegar a toda la ciudad, y se han producido reformas y serias divergencia que, como un fallo emitido por un tribunal de arbitramento le significó una condena por $184.000 millones, lo cual llevó a Metrocali a pedir el amparo de la ley 550 de 1999.

Es decir, en los 11 años que lleva el MÍO nunca ha llegado al punto de equilibrio y el municipio ha tenido que recurrir a múltiples formas de subsidios mientras negocia con los operadores para evitar litigios y suspensiones.

Ahora, las medidas de aislamiento limitaron hasta el 35% la capacidad de transporte de los buses. Pero además, y debido a las dificultades de Metrocali, su administración suspendió 21 rutas y recortó otras tantas, tratando de controlar los pagos por kilómetro de recorrido a los operadores. Como consecuencia, el número de pasajeros movilizados es absolutamente deficitario, y los usuarios deben recurrir cada vez en mayor cantidad al transporte individual o pirata.

Así, además de incumplir el objetivo que justificó su creación, el MÍO está cada vez más expuesto a una crisis financiera y operativa de proporciones peligrosas, en momentos en los cuales se reabre la actividad social y el Gobierno Nacional limita al 50% la ocupación que puede hacerse del sistema, lo que obliga a aumentar el subsidio del Municipio o a mantener el recorte de las rutas, algo insostenible para la empresa.

Todo indica que el MÍO está en un círculo vicioso y sus efectos se ven en las calles y en el cada vez más precario servicio que presta. Por ello, es el momento de revisar a fondo el sistema, más aún cuando se acerca la posibilidad de tener un tren de cercanías que debe servir para resolver la movilidad de Cali y su área metropolitana.

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