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Soldados en Jamundí, Valle del Cauca.
El atentado perpetrado contra el padre de la Vicepresidenta es una muestra más de la pesadilla que miles de colombianos están padeciendo en esta región del país por cuenta de la ofensiva de diferentes grupos violentos. | Foto: Cortesía.

Editorial

De Francia a Petro

El Cauca y el Valle concentran vastas zonas de cultivos ilícitos y son territorios por donde circulan grandes cantidades de droga procesada hacia el mar Pacífico, por lo que la Fiscalía está llamada a jugar un rol protagónico en la solución.

18 de junio de 2024 Por: Editorial

El presidente Gustavo Petro no debe minimizar los llamados que las más altas autoridades y la sociedad civil del Suroccidente colombiano en pleno le han hecho en las últimas horas para frenar la crisis que padece la región por el incremento desmesurado de la violencia.

El pasado fin de semana una de sus más cercanas colaboradoras, la Vicepresidenta Francia Márquez, pudo comprobar que lo que está ocurriendo hoy en los departamentos del Cauca y Valle del Cauca es mucho más grave de lo que parece comprender el alto gobierno en Bogotá. El atentado perpetrado contra el padre de la Vicepresidenta es una muestra más de la pesadilla que miles de colombianos están padeciendo en esta región del país por cuenta de la ofensiva de diferentes grupos violentos, y muy especialmente las disidencias de las Farc.

Lo más grave del asunto es que los hechos en contra de la población civil se repiten una y otra vez, cada vez con más frecuencia, creando entre los ciudadanos la idea de que el Estado está perdiendo la batalla por la seguridad y que son los criminales quienes tienen la capacidad y los recursos para imponer condiciones.

¿Qué está pasando? ¿Por qué la Fuerza Pública parece estar siendo rebasada por esta amenaza? ¿Por qué los altos mandos de Ejército y Policía se están acostumbrando a realizar consejos de seguridad cuando ya se han perdido vidas humanas? ¿Por qué no hay golpes contundentes que permitan neutralizar a quienes ordenan estos ataques?

Es preciso reconocer que el Gobierno Nacional ha respondido a los llamados regionales ordenando el traslado de un mayor número de tropas. Recientemente, por ejemplo, se anunció el envío de 4.000 hombres adicionales al Valle del Cauca, con motivo de la preparación de la cumbre COP16, y los primeros de esos efectivos ya están aquí.

Pero es inevitable advertir que la estrategia del Gobierno está fallando en aspectos que van mucho más allá del número de efectivos en el terreno. Las capacidades de inteligencia de la Fuerza Pública están resultando insuficientes para enfrentar la ola de terrorismo desatada por las disidencias de las Farc, un grupo criminal que aprovechó los errores estructurales de la política de Paz Total del Gobierno Petro para fortalecer sus negocios de narcotráfico.

Además de solucionar esos problemas, es indispensable una acción más efectiva de la Fiscalía General de la Nación para enfrentar la crisis. En ese sentido, no deja de sorprender el silencio que la nueva titular de esa dependencia, Luz Adriana Camargo, mantiene frente a la situación del Suroccidente colombiano. El Cauca y el Valle concentran vastas zonas de cultivos ilícitos y son territorios por donde circulan grandes cantidades de droga procesada hacia el mar Pacífico, por lo que la Fiscalía está llamada a jugar un rol protagónico en la solución.

Presidente Gustavo Petro, por favor, no olvide el mensaje que le envió ayer su propia Vicepresidenta: “Esta es una región que le apostó a un gobierno del cambio y nosotros tenemos la responsabilidad de garantizarle a esta región y a todo el país la seguridad”.

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