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¿Qué mostraron las elecciones de ayer?
Con la movilización del grueso de las listas y de las consultas, se confirma que una porción significativa del voto nacional se congrega a través de redes territoriales de intermediación política.
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9 de mar de 2026, 02:20 a. m.
Actualizado el 9 de mar de 2026, 02:20 a. m.
El verdadero resultado de las elecciones del domingo 8 de marzo no está en el Congreso que se eligió, sino en el país que volvió a quedarse en casa. Aunque aún no hay cifras finales consolidadas, los datos preliminares indican que votaron entre 18,5 y 19 millones de personas sobre un censo cercano a 41 millones (44–46 %). Más de 22 millones se abstuvieron. Con esa base, las elecciones reflejan sobre todo quién logra activar el voto disponible.
Con la movilización del grueso de las listas y de las consultas, se confirma que una porción significativa del voto nacional se congrega a través de redes territoriales de intermediación política. No exclusivamente mediante compra directa del voto, sino a través de liderazgos locales que organizan electores, operadores políticos que movilizan votaciones y campañas financiadas por redes económicas que luego buscan acceso a contratación pública.
En buena parte del país, fuera de las grandes áreas metropolitanas, los partidos con maquinaria territorial consolidada volvieron a mostrar su resiliencia. Liberal, Conservador, Partido de la U y Cambio Radical mantuvieron votaciones relevantes en departamentos donde la competencia depende más de redes locales de movilización que de campañas nacionales. El Centro Democrático recuperó terreno y redujo distancia con el Pacto Histórico.
Persisten prácticas ilegítimas y episodios de microfraude en distintas fases del proceso electoral, especialmente en la movilización del voto. Sin embargo, la evidencia acumulada de los escrutinios muestra que el sistema colombiano de conteo y consolidación de resultados es técnicamente robusto. Las sospechas insinuadas por Petro no se sostienen en hechos verificables y, más que evidenciar fallas estructurales del escrutinio, reflejan una disputa política sobre la legitimidad del resultado.
La victoria de Paloma Valencia reordenó la centroderecha y elevó su posición frente al ruido de candidaturas más mediáticas como la de Abelardo De La Espriella. Su desafío ahora es ampliar ese perímetro electoral. En ese escenario, una fórmula con Juan Daniel Oviedo articularía maquinaria partidista con un voto urbano tecnocrático. La votación de Oviedo fue, de hecho, uno de los datos políticos de la jornada, al confirmar la existencia de un segmento urbano —clase media profesional, desencantada con la política tradicional— que premia renovación y perfiles técnicos por encima de identidades partidistas.
En el carril del centro, habrá que ver si Claudia López intenta aproximarse o competir directamente con Sergio Fajardo por ese espacio apelando a un discurso de gestión. Pero el centro colombiano arrastra su dilema estructural de carecer de base territorial propia y depender de un electorado urbano volátil, que en escenarios de polarización suele terminar desplazándose hacia los polos de la contienda.
Al mismo tiempo, la caída de varios congresistas históricos sugiere una rotación parcial de élites políticas. No es un reemplazo del sistema de maquinarias —que sigue siendo decisivo en buena parte del país—, sino una adaptación de esas estructuras a un entorno político más visible y mediático. Hoy pesan más la exposición pública, la reputación técnica y la capacidad de construir narrativa política que el antiguo cacicazgo silencioso. Las maquinarias no desaparecen; se reconfiguran alrededor de liderazgos capaces de combinar estructura territorial con legitimidad pública.
La incógnita de fondo es si en la primera vuelta presidencial volveremos a ver el choque entre dos Colombias electorales —la del voto organizado y la del voto de opinión— o si algún candidato de oposición logra, por primera vez en años, conectar ambos mundos. Con Iván Cepeda prácticamente instalado en la segunda vuelta, la presión por articular una coalición amplia alrededor de un cambio de rumbo será inevitable; de lograrse, el mapa político podría moverse más rápido de lo que hoy permiten sus propias estructuras territoriales.
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Claridades: El resultado de la consulta de Roy Barreras y Daniel Quintero fue paupérrimo; para Barreras, derechamente un fracaso político. Esta consulta en particular recuerda que una cosa es moverse con soltura en los pasillos del poder y otra muy distinta tener respaldo en las urnas. Debe ser duro constatar que el país, sencillamente, no lo quiere ni un poquito.
Álvaro Benedetti, consultor internacional.

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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