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Crónica de un tour

Julio 16, 2018 - 11:48 p. m. Por: Editorial .

Llegó a Europa clamando contra los integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Otán, pasó a Londres acusando de incapaz a la Primera Ministra del país más cercano a los Estados Unidos y terminó en una rueda de prensa en Helsinki alabando a su colega de Rusia. Ese puede ser el gran resumen de una visita que vuelve a despertar las preocupaciones de gran parte de los estadounidenses sobre su presidente, Donald Trump.

El inicio no pudo ser más escandaloso. Al calificar de delincuentes a los países de la Unión Europea por no haber pagado sus cuotas a la Otán, el mandatario de la nación más poderosa también presionó para que sus colegas y socios aceptaran subir del dos al cuatro por ciento de su PIB el aporte anual a esa organización. Por supuesto, la reacción de rechazo fue unánime aunque cortés, todo lo contrario al lenguaje agresivo y descalificador de su socio americano.

Luego viajó a Inglaterra, no sin antes proferir en una entrevista al diario sensacionalista The Sun epítetos descalificatorios contra la señora Theresa May, la primera ministra de Gran Bretaña, que días antes había tenido que aceptar la renuncia de su canciller y rival en la conducción de su partido, el conservador, y del ministro de toda su confianza en las negociaciones para retirarse de la Unión Europea, conocidas como el Bréxit. Aunque después corrigió y suavizó su tono, el consejo de Trump a la señora May fue que demandara a Europa, a la cual volvió a calificar de enemiga de los Estados Unidos antes de viajar a la capital de Finlandia.

Y llegó a Helsinki para reunirse con Vladimir Putin, en una cumbre que nunca se supo cuál era su propósito, fuera de reunir a los líderes de las grandes potencias nucleares del Planeta. Se esperaba que trataran en profundidad y anunciaran acuerdos o desacuerdos sobre asuntos como la guerra en Siria y el apoyo de Rusia a la dictadura de Bashar Al Assad, la invasión de la península de Corea y su intervención en Ucrania que le han valido a su país grandes sanciones. Más preciso aún, se esperaba que salieran pronunciamientos sobre las amenazas nucleares de Putin y lo que todo ello significa para el equilibrio mundial.

Pero nada de ello ocurrió. A cambio, fue notorio el respeto con el cual Trump se refirió a Putin, y su rechazo a las acusaciones sobre la intervención del gobierno ruso en las elecciones que lo llevaron a la presidencia. Días antes, jueces de su país habían acusado a doce altos funcionarios rusos de esa intervención, lo que no impidió que el mandatario estadounidense prefiriera respaldar a su homólogo ruso antes que a los organismos de inteligencia y seguridad de su país.

“Nuestra relación nunca ha sido peor que ahora, pero eso ha cambiado en las últimas cuatro horas”, fue la declaración final de Trump sobre Rusia y su régimen. Nada que se pareciera a lo que dijo antes o tuviera el mismo tono con el cual trató a sus aliados de siempre, la Unión Europea, la Otán y la Gran Bretaña. Fue el final de un tour que parece dejar más confusión que certezas en muchos sectores políticos de los Estados Unidos.

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