¿Censo?

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¿Censo?

Julio 08, 2019 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Publicadas las cifras del Censo 2018 por el Departamento Administrativo de Estadística, Dane, debería superarse la polémica sobre su realización. No obstante, las informaciones conocidas crean dudas que reclaman explicaciones para evitar consecuencias graves.

El Censo no es una encuesta ni cualquier actividad superficial. Es la herramienta principal para definir la actuación del Estado frente a los problemas de la sociedad, para establecer el número de habitantes que forman el país, para definir las condiciones en que viven y la proyección futura de su población.

Como tal, en sus resultados se basan asuntos cruciales como la atención a las necesidades básicas de la Nación, sus niveles de ingresos, sus demandas de servicios públicos y la distribución de los recursos públicos a través de las transferencias y los subsidios. Por ello no puede estar expuesto a situaciones como las que están sucediendo, poniendo en tela de juicio la credibilidad de sus cifras.

Es el caso de Cali y el Valle. Las cifras divulgadas generan inquietudes. La preocupación es porque, en contravía de los que sucedió en el resto del país, según el censo hay menos gente viviendo aquí que en el 2005. Y la diferencia no es pequeña.

Según el Dane, en el departamento viven 3.789.874 personas, es decir 371.551 menos que catorce años atrás. Y en Cali viven 1.822.871, 297.037 habitantes menos. Esa reducción es insólita, teniendo en cuenta que la ciudad y el departamento son las grandes receptoras de la migración y el desplazamiento del suroccidente colombiano, lo que es fácilmente comprobable.

Y más extraño es que las cifras no concuerden ni de cerca con los 4,3 millones de afiliados a los regímenes de salud que registra el Ministerio del ramo en el departamento. Además, como lo aseguró la Gobernadora del Valle, hay un 10% de la población que no está asegurada en salud y 47.000 personas del estrato 3 que no está en ninguno de los dos regímenes.

Los resultados del Censo no son reales y no puede haber credibilidad si la cifra de omisión censal es del 8,5%. Es decir, hay 4 millones 91 mil personas que se sabe que existen pero no en dónde están. Más grave aún, será el director Dane y no el censo el que decidirá dónde se ubican esos habitantes. Puede ser que ahí estén los 371.551 vallecaucanos que se perdieron en estos 13 años, más los que nacieron o llegaron para quedarse durante todos estos años.

Las consecuencias para la región son graves. El que existan esas diferencias significa que se reduce el presupuesto que le corresponden al Valle y a Cali en el Sistema General de Participaciones, con el cual la Nación otorga recursos para educación y salud. Y la tendencia implicará que las cifras de esas transferencias sigan cayendo de acuerdo con la proyección a la baja que muestra el censo.

¿Qué está errado? Ya no es un asunto de dar declaraciones sino de rectificar las equivocaciones, algo difícil cuando se reconocen fallas protuberantes. Al Gobierno Nacional y al Dane les corresponde despejar las dudas sobre la rigurosidad científica y la confiabilidad del Censo más polémico en la historia de Colombia.

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