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Un poco de la diosa Tique o Fortuna 

La diosa Fortuna o Tique nos hizo padecer más duro con un terremoto, que ha traído más muertos que el diluvio universal y la destrucción de edificios sin cuenta...

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Armando Barona Mesa. Columnista.
Armando Barona Mesa. Columnista. | Foto: El País.

18 de sept de 2026, 02:45 a. m.

Actualizado el 18 de sept de 2026, 02:45 a. m.

Pareciera ser que la diosa griega Tique -o Fortuna de los romanos- que atraía la buena suerte y luego la cambiaba por la desgracia, ha intentado meter la mano en el desarrollo actual de nuestro destino como nación. Ella, in illo tempore, había iniciado en Colombia lo noble y bueno del destino, con varios gobiernos para luego, por perversidad, arruinarlo todo, trayendo la desgracia y la violencia. Y hasta un terremoto.

El mal proceso comenzó cuando se inició el período tormentoso y a veces perverso del señor Gustavo Petro, que duró los cuatro años. Había sido él un guerrillero que quiso de muchas formas, hasta el último momento, perpetuarse en el poder como los comunistas, pero no pudo.

El señor Petro estaba cargado de vicios personales, que hoy son suficientemente conocidos, y que lo llevaban al abandono de su normalidad inicial, como lo declaran Ingrid Betancur y Carlos Alonso Lucio, quienes lo encontraron en Bruselas, donde era un diplomático menor, casi desnudo y temblando en un piso helado.

Muchas veces se repitió este cuadro a lo largo de su vida. Fueron muchos sus escapes nocturnos y sus declaraciones fuera del contexto normal, para caer en exabruptos repelentes, que no nacían de su formación ‘revolucionaria’, sino de sus excesos viciosos, donde no se le escapaba hablar del clítoris de las mujeres que patinaban en su entorno. Lo vimos en Panamá recorriendo la noche con hembra costosa, también en París, donde leyó toda la noche El Capital, con un actor porno, al que luego nombraría ministro y lo oímos decir que él era la marica. Y se atrevió dos veces a llevar ante el Papa a dos de sus queridas.

Nunca un presidente de la República había viajado tanto y sentido las mieles del poder por cuenta del presupuesto nacional como él lo hizo. Escenas que, por cierto, repitió su exesposa Verónica, saltimbanqui por naturaleza y negociante en asuntos estatales, como ahora se sabe. Se llenó de plata los bolsillos por cuenta de Ecopetrol y otras yerbas.

Sí, a la economía colombiana se la llevó el diablo, mientras la deuda externa crecía a la inversa de la ‘piel de zapa’ de aquel lejano escritor Honorato de Balzac. Tique, o la diosa Fortuna, estaba de plácemes, saboreando esas desgracias, durante ese tiempo perdido hoy en la falacia del cuento dizque socialista progresista. Logramos salir de ese cuento y ganamos.

Pero la diosa Fortuna o Tique nos hizo padecer más duro con un terremoto, que ha traído más muertos que el diluvio universal y la destrucción de edificios sin cuenta y fachadas hundidas en las miserias de la pobreza del pueblo y de la clase media.

Es allí donde se siente el músculo espiritual del presidente De la Espriella, enfrentando una violencia que hizo crecer el señor Petro, en cuyo gobierno se multiplicaron los cultivos ilícitos y se abrieron las venas de la sangre inocente, derramada con un sentido abominable de crimen político, en busca de la restauración de un régimen que creyeron con el voto-fusil que había triunfado, cuatro décadas después de la caída del muro de Berlín.

Comunistas que la historia dejó apabullados a la vera del camino, pero que con cambio de fachada pensaron que podían restablecer aquella aborrecible dictadura del proletariado, fracasada en Cuba, en Venezuela y en Nicaragua. Y por supuesto en Rusia y la antigua cortina de hierro.

En esta patria noble, en donde no se odia ni al débil ni al pobre, sino que por ellos trabajamos de conjunto, nos damos cuenta de que ellos, los camaradas, han fracasado en medio de rebatiñas y peculados, escándalos de sexo cruzado o sin cruzar y deseo permanente de vencer. Del lado de acá solo rige el poder de convicción democrática.

O sea que, aunque la diosa Tique o Fortuna nos persiga, creemos en el poder del derecho y la justicia, de cuyo lado estamos.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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