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Un análisis inicial

Muchos más habitantes del país ya tienen derecho a votar, pero contando con menos experiencia en la vida, y con menos conocimientos de la geografía e historia del país

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Benjamin Barney Caldas
Benjamin Barney Caldas | Foto: El País

11 de jun de 2026, 10:14 a. m.

Actualizado el 11 de jun de 2026, 10:14 a. m.

Respecto a las últimas elecciones presidenciales en Colombia (31/05/2026) es oportuno hacer su estudio detallado inicial, y distinguir sus diversas partes para poder reconocer sus varias implicaciones. Cómo se repartieron los votos; cómo fue en las ciudades; cómo en las regiones; cuáles son las características de los votantes; los apoyos locales, nacionales e internacionales; y, finalmente, cómo todo esto implicará en la segunda vuelta de dichas elecciones en pocos días, y en consecuencia cómo votar de nuevo.

Los votantes fueron esta vez apenas un poco más de la acostumbrada mitad de los ciudadanos con derecho a votar; y dos de los candidatos, los que tuvieron votaciones casi iguales, representan entre ambos cerca de las tres cuartas partes de los votos, mientras que los dos siguientes menos de una cuarta parte, el voto en blanco fue el quinto más votado, y el resto de los candidatos sumó aún menos votos. Claramente es la polarización de los colombianos, pero algo estimula que disminuya la abstención y aumente el voto en blanco.

Como corresponde a un país en el que ya en la tercera década del Siglo XXI cerca de las tres cuartas partes de sus habitantes viven en sus pueblos y ciudades, y en las más grandes cerca de la mitad, el voto en estas elecciones de nuevo fue un voto ‘urbano’, o casi, considerando que muchos de los habitantes de sus recientemente muy pobladas ciudades aun no han podido contar con suficiente tiempo y educación política, los que son imprescindibles para finalmente ser verdaderos urbanitas y ciudadanos demócratas.

En las distintas regiones de Colombia, en las dos costas y la Amazonia, predominó uno de los dos candidatos ganadores, y en las del centro y los llanos el otro; de manera similar sucedió en las ciudades, y apenas en unas pocas de las regiones y las ciudades lo hicieron por partes iguales. Estas diferencias deben considerarse desde las regiones, en tanto tales, en la medida de que reflejan problemas diferentes, o al menos con diferencias, que es imprescindible identificar para escoger al candidato mejor enterado al respecto.

Las características de los votantes desde luego reflejan claramente la actual pirámide poblacional del país, la que ahora es más como una columna clásica mucho más alta, cuya base es estrecha, su fuste casi parejo, y su final solo un poco menor… y sin capitel. Es decir, muchos más habitantes del país ya tienen derecho a votar, pero contando con menos experiencia en la vida, y con menos conocimientos de la geografía e historia del país en el que ha evolucionado su política y en esta su precaria democracia a defender votando.

Los apoyos locales e internacionales hechos públicamente a cada uno de los candidatos ganadores, los entenderán una parte de sus electores como algo positivo mientras que otros no; pero es necesario que sean interpretados en función de qué es lo que se espera por parte de los que los hacen. Y, por otro lado, lo indicado es difundir apoyos desde las regiones y las ciudades en función de las propuestas concretas de los candidatos a asuntos locales (seguridad, educación, salud) como mundiales (guerras, cambio climático, IA).

Cómo todo esto sin duda complicará las próximas elecciones, vale la pena debatir seriamente al respecto y evitar las noticias falsas, el populismo y la polarización, e igualmente las agresiones, los insultos y las groserías que se han presenciado en estos días y que interfieren con el diálogo inteligente. Un intercambio de razonamientos con personas dispuestas al mismo, que es imprescindible para poder seleccionar por quién votar, incluyendo el voto en blanco, y no sumarse a los que ya se abstuvieron, no pocos de los cuales ahora sí votarán.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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