Columnistas
¿Padres en alerta?
El miedo, la indignación y la tragedia capturan nuestra atención.
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27 de jul de 2026, 12:44 a. m.
Actualizado el 27 de jul de 2026, 12:44 a. m.
En cada época se ha dicho que criar hijos es difícil. Cada generación ha enfrentado sus propios temores, preguntas y maneras de entender la autoridad, la libertad y el cuidado. Sin embargo, algo parece distinto hoy: muchos padres vivimos en un estado de alerta permanente. Queremos proteger, anticiparnos, evitar dolores y reducir riesgos; pero, sin darnos cuenta, podemos estar formando niños y jóvenes menos seguros para afrontar la vida por sí mismos.
Nunca habíamos tenido tantos recursos para criar: sabemos dónde están nuestros hijos, qué tareas tienen, qué calificaciones obtuvieron e, incluso, cómo fue su jornada escolar. También recibimos, a toda hora, noticias, videos y advertencias sobre accidentes, abusos, acoso, drogas o peligros digitales. Somos padres más informados, sí, pero también más temerosos. Y cuando la información se mezcla con ansiedad, terminamos confundiendo cuidado con control y presencia con vigilancia.
Hace poco leí una columna de Julián de Zubiría Samper, “La generación de los padres ansiosos”, y me dejó una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando quienes debemos transmitir confianza educamos desde el miedo? De Zubiría retoma una idea poderosa de Jonathan Haidt: hemos sobreprotegido a los hijos en el mundo real y los hemos dejado demasiado solos en el mundo virtual. Les cerramos la calle, el parque y el barrio, mientras las pantallas quedan abiertas casi sin límites.
¿Por qué sentimos tanto temor? En parte, porque nunca habíamos estado tan expuestos a noticias negativas de manera casi permanente. Antes nos enterábamos de ellas por la familia, el barrio, la escuela o el noticiero de la noche; hoy las recibimos en tiempo real, repetidas, comentadas y amplificadas en el celular. No es una sensación aislada. Un estudio publicado en Nature Human Behaviour analizó cerca de 105.000 titulares, con más de 370 millones de impresiones, y encontró que cada palabra negativa adicional aumentaba en 2,3 % la probabilidad de que una noticia fuera abierta. El miedo, la indignación y la tragedia capturan nuestra atención. Los algoritmos lo aprenden rápido y nos devuelven más de aquello que nos inquieta: robos, accidentes, desapariciones o violencia escolar. No es que esos hechos no ocurran; es que su repetición permanente moldea la percepción de un mundo más amenazante y nos empuja a proteger más.
No se trata de idealizar el pasado ni de negar los riesgos reales del presente. La crianza responsable exige límites, conversación y criterio. Pero también exige reconocer que la vida se aprende cayendo, negociando, resolviendo conflictos, caminando solo cierta distancia, tomando pequeñas decisiones y asumiendo consecuencias. La autonomía no aparece de repente a los 18 años; se cultiva desde la infancia, paso a paso, con confianza gradual.
Como advierte la psicóloga española María Soto, la llamada generación de cristal no surge de la nada, sino de estilos de crianza atravesados por el miedo. El problema no es proteger; la dificultad aparece cuando la ansiedad adulta invade la vida de los hijos, decide por ellos, y les impide desarrollar confianza en sus propias capacidades. Allí, la protección deja de ser cuidado y empieza a convertirse en una forma silenciosa de fragilidad inducida.
Tal vez el desafío no sea vigilar más, sino confiar mejor. Los hijos necesitan adultos presentes, no adultos que invadan cada espacio o decisión. Necesitan límites, pero también calle, juego, conversación, aburrimiento, error y autonomía. Si queremos formar hijos fuertes, tenemos que recuperar algo que la ansiedad nos ha ido quitando: la serenidad para acompañar sin controlar y la valentía de dejarlos crecer. Porque educar también es soltar a tiempo, no para abandonar, sino para permitir que cada hijo descubra sus propias capacidades.

Economista y MBA con énfasis en negocios internacionales. Exsecretario general de la Gobernación del Valle y Privado de la Alcaldía de Cali. Exdirector del Comité Intergremial y Empresarial del Valle. Actualmente, fortaleciendo la economía solidaria desde el Grupo Coomeva. Hincha del Deportivo Cali. Papá de Manolo y Agustín.






