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¿El delincuente nace o se hace?

No existe el gen del crimen, pero sí pueden heredarse determinadas tendencias, como la impulsividad o la baja tolerancia a la frustración.

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Antonio Joaquín García.
Antonio Joaquín García. | Foto: El País.

14 de sept de 2026, 12:23 a. m.

Actualizado el 14 de sept de 2026, 12:23 a. m.

Me he preguntado si tú o yo somos maleantes o delincuentes. Lo más cierto es que, en algún momento de nuestra vida, hemos cometido algún ilícito: sobrepasar el límite de velocidad, pasarnos un semáforo en rojo, beber licor siendo menores de edad, colarnos en un espectáculo público, no pagar un pasaje en un bus o tren, fumar o consumir artículos de contrabando, omitir algo en la declaración de renta para pagar menos impuestos, en fin, tantas cosas que parecen banales, pero que son ilícitas.

Rebuscando en la mitología premoderna, encontramos la figura del embaucador, que es una de las maneras más antiguas de designar a un malhechor. Está el coyote de los indígenas americanos, que encarna la astucia y se vale de ella para engañar a otros animales; el cuervo, en el noroeste; y la fábula de Esopo, que cuenta cómo la zorra roba un queso que previamente había sido robado por un cuervo.

La araña Anansi, en África occidental, funciona como un espíritu embaucador que utiliza la astucia. También está el personaje pintoresco del folclor del Caribe que logra liberarse de los poderosos apoyándose en su viveza, burlándose y ridiculizando al tigre: el Tío Conejo.

Son innumerables los ejemplos de la cultura popular. Lo anterior nos recuerda que nosotros nacimos y crecimos en una cultura popular del engaño y de la trampa. Y más aún por idiosincrasia, como ocurre con ciertos estereotipos de la cultura paisa, representados en el negociante astuto que, cuando obtiene dividendos, se burla de su víctima.

Entonces, la pregunta es válida: ¿somos delincuentes o no?

Los estudios psicológicos y psiquiátricos coinciden en que la conducta criminal y delincuencial no nace ni se hace exclusivamente, sino que surge de una interacción compleja entre lo biológico, lo psicológico y el entorno social. No existe el gen del crimen, pero sí pueden heredarse determinadas tendencias, como la impulsividad o la baja tolerancia a la frustración.

También tiene importancia el entorno familiar, la violencia, la pobreza extrema, las malas compañías y el fácil acceso al delito. Las personas repiten los patrones de conducta que observan de manera constante en su hogar y en su comunidad. La educación temprana y el control adecuado sí influyen en la conducta posterior del adulto.

Cesare Lombroso, investigador de este tema, afirmó que el delincuente es un ser atávico; es decir, un individuo que no ha evolucionado y presenta rasgos de la humanidad primitiva. Estas teorías han sido controvertidas por otros estudiosos, pero analistas como Enrico Ferri introdujeron una idea importante: el delito no depende de un solo individuo, sino también de su contexto. Factores como la crisis económica y el desempleo pueden influir directamente en el aumento de los delitos.

Los estudios genéticos, sociológicos, biológicos y antropológicos han concluido que las causas de la delincuencia responden a una serie de factores de naturaleza social y psicológica: la vida familiar, la crianza, el entorno cultural, la educación, la desigualdad, la distribución del poder, la estructura socioeconómica, las políticas de un país e, inclusive, el medio físico o ambiental. Todos estos son factores que pueden influir en el comportamiento del ser humano, haciéndolo más propenso a determinadas conductas delictivas.

Un aspecto importante es la familia. Es el núcleo de la sociedad y es allí donde los individuos desarrollan tradiciones, costumbres, valores y patrones culturales que se transmiten de padres a hijos y así sucesivamente.

Aún no tenemos una explicación definitiva sobre la conducta antisocial, pero la verdad es que pueden influir una mala crianza, la transmisión de antivalores, una deficiente formación del aspecto psíquico, como resultado de complejas frustraciones, y una mala relación entre lo físico y lo psicológico.

Es importante el esfuerzo que se hace para conducir a estas personas hacia la reinserción social. También cabe señalar que nuestro sistema de justicia requiere cambios estructurales, sobre todo en materia de penas y rehabilitación, que permitan traducirse en un descenso de la delincuencia y la criminalidad, mediante políticas públicas efectivas para salvaguardar uno de los bienes más preciados de la sociedad: la seguridad del ser humano.

Cirujano urólogo, docente universitario, escritor y columnista. Fue director del servicio de urología en el Valle del Cauca por 25 años y también fue director de la Clínica Rafael Uribe.

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