Columnistas
Trump en caída antes de las elecciones
Trump cuenta con una desaprobación del 59 %, superando a Biden, Obama y Bush en el mismo momento de sus respectivos mandatos.
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15 de sept de 2026, 02:16 a. m.
Actualizado el 15 de sept de 2026, 02:16 a. m.
A la convención republicana en Dallas le sobraron sillas, reflejo de la creciente impopularidad de Trump. Más de la mitad de los aspirantes republicanos que buscan llegar al Congreso no asistieron, y la organización tuvo que regalar entradas para reforzar la afluencia. El Mandatario les dijo a los medios que el evento estaba agotado, pero las sillas vacías revelaron otra historia.
En su discurso prometió repartir “utilidades” de 5000 dólares por ciudadano si los republicanos ganan ambas cámaras del Congreso; lo llamó el dividendo Trump, por supuesto. Con 270 millones de adultos en el país, la promesa equivale a 1,35 billones de dólares. La intención de comprar el voto con dinero público raya en la ilegalidad y es un claro signo de nerviosismo frente al panorama electoral. El presidente criticó ferozmente las ayudas en efectivo que entregaron los demócratas, y ahora las ofrece él, pero a cambio del voto.
Los comicios se llevarán a cabo el 3 de noviembre y está en juego el control del Capitolio. El pronóstico es reservado para los republicanos, y las cifras hablan por sí solas. Trump cuenta con una desaprobación del 59 %, superando a Biden, Obama y Bush en el mismo momento de sus respectivos mandatos. En todos los casos, sus partidos perdieron escaños en el Congreso. Apenas el 33 % aprueba su gestión y, si estos datos fueran fake news, entonces cinco encuestadoras distintas se coordinaron para arruinarle la fiesta en Dallas.
Una de las principales razones por las que los estadounidenses le cobran factura a Trump es el costo de vida, que se disparó con la guerra que él mismo empezó. El estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial, llevaba casi cuatro décadas funcionando sin contratiempos, hasta que el 28 de febrero Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. Desde entonces, la gasolina y la inflación no han dejado de subir, y ese golpe al bolsillo ya se refleja en las encuestas. Según Reuters/Ipsos, el costo de vida es el factor más importante para el 47 % de los votantes, mientras el 63 % desaprueba la guerra.
A medida que pasan los días, la crisis se agrava y las encuestas castigan cada vez más a Trump por no encontrar soluciones. El presidente lleva meses prometiendo una rápida terminación del conflicto, afirmando que forzaría a Irán a abrir el estrecho sin condiciones. Sin embargo, el tránsito por Ormuz nunca volvió a la normalidad, y los iraníes crearon una entidad burocrática que cobra hasta 2 millones de dólares por cada barco que cruza, dinero que termina en manos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Washington firmó un preacuerdo que levanta las sanciones, le reconoce la administración del estrecho y, además, le facilita un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares. La guerra que buscaba debilitar a Teherán le terminó dando un puesto de recaudo sobre ese acceso marítimo.
La crisis que Trump no ha podido resolver amenaza con darle una victoria a los demócratas, incluyendo Texas, lo que sería un golpe monumental, y muchos dentro de su partido critican que su líder pareciera estar más enfocado en su salón de baile. Mientras tanto, cada dos minutos, este conflicto le cuesta un millón de dólares a los bolsillos estadounidenses, según la Universidad Brown. En un solo día, se pagaría el salón que tanto anhela el presidente. La idea es cada vez más ambiciosa; el presupuesto pasó de 200 a 600 millones de dólares, y aunque Trump prometió pagarlo con donaciones, más de la mitad vendrá de los contribuyentes. Su obra terminó por demoler todo el Ala Este de la Casa Blanca, con 123 años de historia, y el famoso jardín de Jacqueline Kennedy.
Su obsesión con el legado y su desconexión de la crisis económica han logrado que muchos de sus representantes opten por apartarse de él, viendo que su capital político se deprecia. Los candidatos a las próximas elecciones han dado un giro retórico, renunciando a defender la actual gestión para enfocarse en señalar a los demócratas como “locos y comunistas”. Trump se queda cada vez más solo, perdiendo aliados hasta en su círculo más cercano, como Tucker Carlson y Marjorie Taylor Greene. Quien lo contradice, tarde o temprano, deja de estar a su lado. Es difícil construir consensos con quien siempre tiene la razón.
Los republicanos viven una encrucijada y comienzan a imaginarse el día en el que Trump ya no esté. Muchos empiezan a lamentarse de haberse pasado tantos años construyendo un culto y no un partido. Los tiempos en que los republicanos se posicionaban cómodamente dentro del ego de un solo hombre están llegando a su fin. Se van dando cuenta de que su destino electoral dependía de alguien más interesado en sí mismo antes que en la colectividad que dice representar, y ahora pagan las consecuencias de haberle entregado su identidad completa.
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