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Antes de necesitarlo
Colombia depende ampliamente del agua para generar su electricidad y las altas temperaturas ya están llevando la demanda de energía a niveles elevados.
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15 de sept de 2026, 02:11 a. m.
Actualizado el 15 de sept de 2026, 02:11 a. m.
Hay problemas que nos sorprenden y otros que nos avisan. El terremoto del 10 de agosto nos recordó lo difícil que es enfrentar los primeros. El fenómeno de El Niño nos está dando la oportunidad de demostrar qué tan buenos somos frente a los segundos.
Esta semana el Ideam informó que existe un 90 % de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre del año y un 75 % de que sea el más intenso de los últimos 76 años. Todavía abrimos la llave y sale agua. Prendemos el interruptor y hay luz. Precisamente por eso este es el momento más difícil para actuar.
Prepararnos para algo que todavía no ha ocurrido no se nos da particularmente bien. La economía del comportamiento ha demostrado que tendemos a darle más importancia a los costos que sentimos hoy que a beneficios futuros que todavía parecen inciertos.
El Niño nos pone esa dificultad de frente. Colombia depende ampliamente del agua para generar su electricidad y las altas temperaturas ya están llevando la demanda de energía a niveles elevados. ANIF advierte que, bajo un escenario de baja hidrología, los embalses podrían descender hasta 36,3 % en abril del próximo año.
Eso no significa que vayamos a tener un racionamiento. Significa que tenemos algo que el terremoto no nos dio: tiempo. Y el tiempo, antes de una emergencia, significa opciones.
Una decisión tomada hoy puede ser gradual, planeada y menos costosa. Cuando el problema ya está encima, muchas de esas mismas decisiones dejan de ser elecciones para convertirse en urgencias. Prepararnos ya debería acelerar las decisiones necesarias sobre generación y disponibilidad de energía, pero también llevar a empresas y hogares a revisar cómo utilizamos el agua y la electricidad mientras todavía podemos hacerlo voluntariamente.
Hay además una dificultad particular con la prevención, pues podemos calcular cuánto cuesta prepararnos, pero difícilmente sabremos cuánto nos ahorró hacerlo. Una inversión aparece en un presupuesto, pero es muy difícil cuantificar el problema que consiguió evitar. Por eso, cuando la prevención funciona bien, puede terminar pareciendo innecesaria.
Esa idea va mucho más allá de El Niño. Mientras las cosas funcionan, casi siempre encontramos una buena razón para aplazar aquello que podría evitar que dejen de funcionar. Ocurre en las empresas, en las ciudades y también en nuestra propia vida. Anticiparnos exige utilizar información sobre un futuro incierto para tomar decisiones incómodas en un presente que todavía parece estar bien.
Prepararse tampoco significa vivir esperando la próxima emergencia. Significa utilizar la información disponible cuando todavía tenemos margen para escoger y no cuando las circunstancias nos obligan.
Prepararnos tampoco significa vivir esperando la próxima emergencia. Puede ser algo mucho más sencillo: identificar qué podría afectarnos, entender dónde somos más vulnerables y decidir qué podemos hacer hoy para reducir ese riesgo. No podremos anticiparlo todo, pero sí podemos evitar que aquello que ya conocemos nos encuentre exactamente en el mismo lugar.
El Niño nos está dando la oportunidad de hacerlo con el agua y la energía. Pero el ejercicio sirve también para una empresa, una ciudad o nuestra propia vida: ¿qué problema puedo ver venir y qué decisión pequeña puedo tomar hoy para estar mejor preparado si ocurre? Anticiparse no siempre requiere una gran inversión. Muchas veces empieza simplemente por hacerse esa pregunta a tiempo.
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