Columnistas
Totalitarismo con vaselina
La estrategia evolucionó. Ya no se trata de imponer, sino de seducir. De disfrazarse de democracia. De hablar el lenguaje correcto y envolverse en banderas de paz mientras cambian abrazos por balazos.
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4 de abr de 2026, 01:26 a. m.
Actualizado el 4 de abr de 2026, 01:26 a. m.
Que existan tantas mentes en las que florece la semilla del marxismo no es extraño. Son el producto de una bien diseñada campaña de adoctrinamiento que empieza en primaria y se perfecciona en la universidad. Igual que el Islam que solo alimenta a su juventud con el Corán, se convierten en fanáticos de una interpretacion de la realidad social que estaba equivocada aun cuando se creó hace 150 años. Seguir hablando de señores feudales y de la explotación infame de la clase obrera no describe en absoluto la complejidad de las sociedades actuales. Pero hay que entender que, para los adeptos a cualquier credo, la pereza mental es una aliada invaluable: simplifica el mundo y ahorra el esfuerzo de pensar.
Lo que sí desconcierta es que personas formadas en libertad, con acceso a teorías modernas y análisis más sofisticados, no sean capaces de reconocer —ni de alarmarse— ante la evolución gradual hacia formas de control cada vez más autoritarias. Siguen anclados en una versión de la historia que ya no aplica. Creen que las dictaduras llegan con tanques, golpes militares y discursos encendidos en balcones. Citan el siglo pasado como si fuera un manual vigente, sin notar que los métodos han cambiado… y mejorado.
En su visión edulcorada del presente, logran incluso aseptizar las horrendas dictaduras del vecindario. No quieren ver que la ideología y el objetivo siguen intactos: la toma del poder para instaurar la famosa ‘dictadura del proletariado’. Solo que, como ya comprobamos, “mi pueblo” termina siendo un reducido círculo de familiares y amigos, convenientemente ubicados y generosamente enriquecidos, mientras el resto aprende a hacer filas.
La estrategia también evolucionó. Ya no se trata de imponer, sino de seducir. De disfrazarse de democracia. De hablar el lenguaje correcto y envolverse en banderas de paz mientras cambian abrazos por balazos. Ahí entran en escena los llamados ‘tontos útiles’, que repiten con entusiasmo una neolengua diseñada para que la realidad resulte irrelevante.
Embelesados en su ilusión igualitaria, siguen dejando constancia solemne de que no ven periódicos cerrados, ni opositores presos, ni expropiaciones. No logran entender que cuando las vean, ya no va a haber nada que hacer. Les quedará el recurso de arrepentirse y quejarse del engaño mientras buscan una trocha o una balsa.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.
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