Columnista

Sonidos del silencio

Los años vienen con una menor tolerancia a los altos decibeles y se busca la posibilidad de alejarse a vivir en sitios más amables y verdes.

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Miky Calero
Miky Calero | Foto: El País.

10 de mar de 2026, 03:07 a. m.

Actualizado el 10 de mar de 2026, 03:07 a. m.

Los verdaderos sonidos del silencio son los de la naturaleza, el viento, el mar, el agua, los pájaros, los sonidos que uno encuentra en el bosque. Ahora en tiempos modernos los sonidos artificiales abundan: las guadañas, los pitos, los de las guerras con sus bombas y sus ametralladoras, las sirenas y uno que otro vecino bulloso.

Claro está que el mejor de todos es el silencio del alma, cuando uno puede quedarse en paz escuchándose a uno mismo, sin juicios ni culpas, uno con uno, sin la necesidad de estar hablando o viendo televisión, aprendiendo a vivir sin necesidad de cosas externas. ¡Ay, juepuchica!, qué complejo que eso sí es, pero si uno lo logra, así sea por momentos, es la mejor sensación de la vida, ¡en quietud!

Cuando hay discusiones acaloradas de pareja, de política, laborales, etc., y es obvio que puede escalar, ¡lo mejor para hacer es el silencio! Como dice el dicho, “en boca cerrada no entran moscas”, pero, ay, juemadre, cosa sobrada de hacer.

Los años vienen con una menor tolerancia a los altos decibeles y se busca la posibilidad de alejarse a vivir en sitios más amables y verdes.

Tengo un buen amigo que disfrutaba de una modesta pero bella casa en el barrio Juanambú; ahora se le ha convertido en un infierno por los parlantes, la bulla de cafés, discotecas, gente trasnochada en las calles prolongando “la jiesta”.

Siendo la vocación de ese barrio de zona residencial neta. ¿Qué pasa con los controles? ¿Qué pasa con el Dagma que tiene la responsabilidad de vigilar que los decibeles estén dentro del marco de lo que ambientalmente es saludable para la salud mental y la tranquilidad de los habitantes y sus derechos?

Hay una cosa que siempre me causa curiosidad y son las sirenas de las ambulancias; si al paciente no lo mata la enfermedad, lo mata el sonido enloquecedor de esos aparatos y cuando están en competencia para ver quién se queda con el ‘cliente’, pueden ser dos y tres al tiempo, muere el paciente y todos los vecinos de los hogares aledaños. “Cosa seria, mijo”, como diría mi madrecita querida.

Pero como aquí tratamos de hacer reflexiones que dejen cosas positivas, mi sugerencia es ser conscientes de si estamos escuchando la belleza del silencio, si estamos siendo buenos vecinos y, especialmente, si estamos aprendiendo a mirarnos hacia adentro en nuestro propio silencio. Una de las cosas que ayudan a eso es la meditación y buscar espacios tranquilos para hacerlo. Otras son grandes caminatas, ojalá por en medio de la naturaleza o un parque tranquilo. Cuando tu pareja o tu jefe se ‘enchiche’ y se acalore con irrespeto... “A palabras necias, oídos sordos”.

¡Amo el silencio y el respeto!

Profesional de la fotografía en el Art Institute de Fort Lauderdale. Trabaja en el programa “OYE CALI” de la X Todelar y el canal Internacional FASHION TV esta emitiendo actualmente en su programa “Phothographer Profile” Un programa de 30 minutos dedicado a su vida profesional. Escribe para el diario El País desde el año 2008.

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