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Sin control
Distintos estudios indican que la Superinteligencia Artificial puede ser más riesgosa para la existencia humana que el cambio climático, una pandemia y una guerra nuclear.
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20 de sept de 2026, 12:54 a. m.
Actualizado el 20 de sept de 2026, 12:54 a. m.
La Inteligencia Artificial no es artificial ni necesariamente inteligente. Su desarrollo e impacto no es artificioso y no siempre responde a un mínimo de razonabilidad mental. Pero ha generado una especie de esquizofrenia colectiva, como si el mundo se fuera a acabar si no se le domina, sin percatarse de que esa carrera desbocada puede tener más perjuicios que bondades, de no modularse, supervisarse su uso y nivel de autonomía.
Jacob Coxon, investigador de Anthropic, una de las empresas a la vanguardia de la IA, renunció a su cargo, pues no estaba de acuerdo con el desarrollo de la Superinteligencia Artificial, en la que robots con capacidad de automejora empiezan a salirse del control, con riesgos ciertos para la humanidad. En julio, 1400 empleados de compañías de IA ya habían firmado una carta pidiendo regular y desacelerar sus avances, por razones de seguridad.
Algunas empresas de IA parecieran estar de acuerdo en bajar el ritmo de su desarrollo. Pero no es fácil. La desconfianza entre Estados Unidos y China lo dificulta, incentivando a las compañías a avanzar en la construcción de modelos cada vez más sofisticados y poderosos, independientemente de a dónde nos conduzca. Similar en su momento fue la carrera nuclear armamentista. La diferencia es que esta, hasta ahora, está bajo direccionamiento humano.
Distintos estudios indican que la Superinteligencia Artificial puede ser más riesgosa para la existencia humana que el cambio climático, una pandemia y una guerra nuclear. Y lo que es peor, su combinación. Según The Economist, ambas partes en la guerra en Ucrania perfeccionan una tecnología de drones capaces de atacar, reorganizarse y repeler al enemigo con IA, es decir, con autonomía. Lo que anticipa una nueva fase de la carrera armamentista.
Lo que obliga a preguntarnos para qué la IA y en especial la Superinteligencia Artificial. ¿Para ampliar la frontera del conocimiento, agilizar los análisis corporativos, ahorrar en personal para una mayor rentabilidad, agilizar decisiones y ser más competitivos, contar con modelos autónomos capaces de activar una guerra, crear y diseminar un virus letal, causar una crisis energética, hackear y colapsar los sistemas financieros?
Lo anterior y mucho más, para bien y para mal. ¿La culpa es de la IA? No. La Inteligencia Artificial es una magnífica herramienta si se le usa con responsabilidad, pero avanza a tal velocidad y sin límites que, en vez de estar al servicio de la humanidad, amenaza con deshumanizar a la sociedad y con la extinción de la especie; con empequeñecerla, sustituirla y arruinarla. Prueba de ello, en otra escala, su impacto en el mercado laboral y el sector educativo.
Se proyecta que al 2030 entre 100 y 300 millones de personas perderán su empleo por cuenta de la IA. Es cierto que empiezan a surgir oportunidades alternas de trabajo, pero a menor ritmo y de otro perfil. Si ello no mereciera la atención de la sociedad, el rendimiento de los estudiantes de colegio en lectura, escritura y ciencia se ha deteriorado por cuenta de la IA y distintos analistas anticipan un aperezamiento cognitivo de la humanidad.
La IA llegó para quedarse y debe aprovechársele en distintos campos. Con inteligencia y sensibilidad humana. La destrucción masiva de empleos que se anticipa, entre otros efectos, amerita una reflexión social. Ni qué decir del riesgo existencial abordado, por cuenta de la Superinteligencia Artificial. Una introspección sobre el tipo de sociedad que queremos y el rol del ser humano, hoy en entredicho por cuenta de la codicia y el poder.

Abogado y doctor en política de la Universidad de Oxford. Se desempeñó como Ministro de Educación, Embajador en La Haya, Alto Consejero Presidencial para la Seguridad Ciudadana, y Director de El País de Cali. Fue presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas. Actualmente es rector de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.
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