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Santa Elena, el paraíso que no podemos perder
Con el paso del tiempo, este lugar despertó el interés de visitantes que buscan conocer de manera más cercana sus jardines, corredores, habitaciones y oratorios, el sonido del río...
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31 de ene de 2026, 03:04 a. m.
Actualizado el 31 de ene de 2026, 03:04 a. m.
Cuando Jorge Isaacs escribió La María, en 1876, difícilmente pudo imaginar que su obra se convertiría en referente literario colombiano y latinoamericano del Siglo XIX. A lo largo de la novela, el autor no solo narró una historia de amor, sino que retrató la belleza del territorio que la alberga. Basta recordar uno de sus pasajes más citados: “El Valle se extendía a mis pies, verde, fecundo, cruzado por ríos brillantes y sombreado por bosques azules en la lejanía”.
158 años después, esa descripción sigue vigente y merece ser recordada. Ese territorio, ubicado en el municipio de El Cerrito, Valle del Cauca, conocido como el corregimiento de Santa Elena, se ha convertido desde hace varios años en un epicentro turístico de gran importancia para el departamento.
El turismo en esta localidad surge, indudablemente, alrededor de la hacienda donde se desarrolló el amor entre Efraín y María. Con el paso del tiempo, este lugar despertó el interés de visitantes que buscan conocer de manera más cercana sus jardines, corredores, habitaciones, oratorios, el sonido del río y, apreciar la imponente panorámica del Valle del Cauca.
Con los años, Santa Elena amplió su oferta: la agricultura, el cultivo de la uva, el vino artesanal, la gastronomía, los voladeros para la práctica del parapente, hoteles, haciendas y, más recientemente, la construcción de condominios, ha permitido posicionar al corregimiento como un destino atractivo para visitantes.
Soy un visitante frecuente desde muy pequeño y he sido testigo de su evolución. Sin embargo, en los últimos años observo con atención cómo la llegada masiva de turistas —que sin duda nos alegra— debe invitarnos también a una reflexión seria sobre el manejo de las cargas turísticas.
Esta columna nace por dos razones: por hacer parte del sector desde hace un tiempo y por ser un enamorado de estas tierras, de su gente, su gastronomía y sus paisajes. Mi intención es llamar la atención de las autoridades municipales, comerciantes, habitantes y visitantes, para que asumamos la responsabilidad de cuidar este territorio. No podemos permitir que se deteriore.
Santa Elena es una joya del Valle del Cauca y, si se articula adecuadamente con la política de turismo departamental, podría convertirse en un pueblo mágico. Para eso es indispensable definir con claridad el número de visitantes que puede recibir por día sin afectar la experiencia del turista, la calidad de vida de los residentes ni el entorno natural.
Asimismo, se requieren zonas delimitadas para peatones, vendedores ambulantes, ruido de los establecimientos y parqueaderos amplios que eviten el colapso de la plaza, como ocurrió con medidas implementadas hace algunos meses y hoy inexistentes.
Santa Elena tiene una ventaja fundamental frente a otros destinos: un ancla reconocida como la Hacienda La María, que le permite avanzar hacia experiencias con identidad propia. No obstante, la movilidad y el parqueo se han convertido en un eje crítico. La saturación de vehículos y motocicletas está deteriorando el destino.
Finalmente, este artículo busca que Santa Elena se conserve y siga creciendo de manera ordenada. No existe destino sostenible sin formación y cultura turística. Es imprescindible implementar procesos de capacitación obligatoria, buenas prácticas, incentivos al buen servicio y sanciones efectivas frente al desorden. El turismo no se improvisa: se gestiona, se regula y se profesionaliza. Solo así podremos seguir diciendo, como Isaacs, que “aquel rincón del Valle era un verdadero paraíso terrenal”.
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