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Arnoldo Levy
Arnoldo era el deportista del común, el del estilo de vida saludable, aquel que goza de la actividad física, que se une a un grupo y se ilusiona con los encuentros colectivos para lograr un par de horas de recreación...
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31 de ene de 2026, 03:14 a. m.
Actualizado el 31 de ene de 2026, 03:14 a. m.
De Arnoldo podría escribir sobre su brillante carrera como médico neurólogo, a través de la cual sirvió a tantísimos pacientes durante su larga trayectoria; de su visión como empresario de la salud materializada en su gran creación el Centro Médico Imbanaco; o de la gran devoción que tenía por su grupo de amigos corredores con los que sudó durante tantos años, y a quienes valoró como las personas que eran, pues en él, distingos de credos, razas, abolengos, dinero o similares eran simplemente inexistentes.
En esta columna de hoy, la cual quincenalmente pretende ilustrar acerca del deporte, hablaré de Arnoldo como el deportista que era, y el cual me sirve para idealizar al ciudadano promedio en nuestra sociedad, el que muy pronto llegará a ser como aquel de los países nórdicos, que en su mayoría ha interiorizado la actividad física constante. Arnoldo era el deportista del común, el del estilo de vida saludable, aquel que goza de la actividad física, que se une a un grupo y se ilusiona con los encuentros colectivos para lograr un par de horas de recreación, el de los hábitos alimenticios saludables, el que adopta un estilo de vida sin fanatismos, sin timideces, sin angustias, sin privaciones. Para mí, como estudioso del deporte, Arnoldo se constituye en el epítome del deportista moderno y ya esto nos revela a un visionario, pues ese estilo adoptado por él durante toda su vida, la cual finalizó hace un mes a los 88 años, era simplemente impensable en su madurez y ni que decir en su juventud.
Consciente de la gran revolución que la democratización de las carreras de calle o maratones representaban para las sociedades modernas, y practicante él mismo del atletismo callejero, aceptó la invitación que le hicimos Ignacio Restrepo, Cesar Caicedo y yo, para crear la Media Maratón de Cali, invitación que extendimos también a Adriana Escobar, con quienes nos dimos a la tarea de conceptualizar un evento que tomará lo mejor de las carreras de calle del mundo, en donde se propiciará el encuentro masivo en una fiesta sin precedentes, toda vez que se privilegiaba el goce colectivo más allá del performance individual o la excepcionalidad del deportista elite. Sospechaba ya Arnoldo que esta visión de incluir a todos sin distingos de alguna clase sería exitosa y popularizaría el atletismo callejero, tal como finalmente lo logramos con el desarrollo de dicha maratón a través de la organización que con este grupo de amigos creamos para este fin, a la cual denominamos Juancho Correlón, el gran promotor de los hábitos de vida saludable en nuestra región.
Era incomprensible para él, hombre generoso que servía sin esperar nada a cambio, sin cálculos mezquinos ni afanes materiales, que las directivas del atletismo de aquel entonces fueran tan miopes e hicieran casi imposible la realización de los primeros eventos, y se dolía al identificar en ellos meros intereses personales y materiales que detenían el desarrollo del deporte y en consecuencia de la ciudad, y se pronunciaba exultante al ver que con los años logramos constituir una organización que demostró lo que la voluntad, la decencia y la persistencia, mismas que practicó en todas sus facetas, logra para el bien de la humanidad.
Ateo como soy, solo quiero agradecerle a la vida por haberme puesto en la misma pista de trote en la que Arnoldo corrió con decisión. Mi admiración eterna.

Administrador de empresas, especialista en Mercadeo de la Icesi, trabajó como Presidente del Comité Permanente del Deporte de la Cámara de Comercio de Cali, ex Secretario del Deporte y la Recreación de Cali, fundador de Juancho Correlón, empresario.
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