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Ana María Caballero

Se califica a sí misma como poeta digital, porque ha decidido expandir el campo de la poesía explorando las posibilidades que ofrecen la poesía visual, la instalación, la performance y la edición digital del libro.

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Carlos Jiménez

30 de ene de 2026, 02:32 a. m.

Actualizado el 30 de ene de 2026, 02:32 a. m.

Es una poeta digital y pertenece a la larga estirpe de escritores y artistas colombianos que se han apellidado Caballero. El novelista Eduardo Caballero Calderón, de quien siempre recuerdo esa alucinante nouvelle que es Manual Pacho. Su hijo Antonio, el autor de Sin remedio, su hija Beatriz, cuentista y titiritera y la última amante de Carlos Mayolo, la que lo cuidó hasta el último día y editó sus endiabladas memorias. También está Lucas, por todos conocido en su día como Klim, humorista sarcástico y hermano de Eduardo. Y en la rama artística, Luis, hermano de Antonio y Beatriz, y Pilar Caballero, escultora y mujer de teatro.

En realidad, es difícil encontrar otra familia que haya aportado tanto al arte y a la literatura de este país. Ana María es nieta de Enrique, hermano de Eduardo. Es, como ya dije, poeta, que se califica a sí misma como poeta digital, porque ha decidido expandir el campo de la poesía explorando las posibilidades que ofrecen la poesía visual, la instalación, la performance y la edición digital del libro.

De hecho, la conocí la semana pasada en una exposición de arte contemporáneo en la galería Max Estrella, de Madrid, que incluye un Project Room suyo titulado Entre domingo y domingo, el mismo título de su más reciente libro de poemas, con el que obtuvo el premio nacional de poesía José Manuel Arango.

En dicha instalación cuelgan, de cuerdas extendidas entre las paredes del cubículo, camisas de algodón de un blanco impoluto, en cada una de las cuales ella ha tejido los versos de una docena o más de los poemas del libro. A mí me ha recordado a William Carlos Williams por aquella definición de su poesía que hizo su amigo Kenneth Rexroth: eres “como Anite, que dice justo lo suficiente, para ser recordada por todos los siglos”.

Ana me corrige y me dice que su principal fuente de inspiración es la poetisa Louise Glück, premio Nobel de literatura 2020, y autora del poemario The Wild Ins, El iris silvestre, en la traducción de Andrés Catalán. Del poema que da el título al libro son estos versos: “Allá arriba, ruidos, ramas de un pino vacilante/ Y luego nada. El débil sol / Temblando sobre la seca superficie”. De uno de los 20 poemas del libro de Ana dedicados al domingo son estos versos: “En ciudades pequeñas/ las películas cierran en silencio/ sin importar la trama o tu momento”. Y de otro, estos otros: “En ciudades pequeñas/hasta los miércoles son domingos”.

Historiador y crítico de arte. Profesor de la Unviersidad Europea de Madrid y corresponsal de la revista ArtNexus en España. Es columnista del diario El Pais de Cali desde 1994.

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