Columnistas
Retrato de un godo empedernido
Quise ser lo más organizado al asumir el reto de escribir esta columna, pero no pude, y esa fotografía de mi entrañable Luis Fidel Moreno Rumié me salió movida
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


27 de mar de 2026, 12:26 a. m.
Actualizado el 27 de mar de 2026, 12:26 a. m.
Hace un año se nos fue con su música y con su tumbao para otra parte. Se llevó consigo costalados de vivencias y experiencias que acumuló desordenadamente durante su muy corta pero muy fructífera existencia. Se mantuvo incólume ante las circunstancias adversas que giraron en torno a sus tres pasiones: los deportes, la política y la familia.
Lo del deporte dejémoselo a los expertos y adentrémonos en la política y la familia.
Hijo de quien fuera Gobernador del Chocó, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia y Rector de la Universidad Santiago de Cali, heredó junto con sus hermanos una estricta pasión universitaria destacándose como un gran abogado y mejor jurista, Representante a la Cámara, Secretario de la Gobernación del Valle, Director Nacional del Fondo Rotatorio del Ministerio de Justicia y ni para qué sigo.
Militó siempre en el ya extinguido Partido Conservador, no soltó un ápice de sus convicciones –lauroalvaristas- y se mantuvo fiel a los principios de su partido.
Se vinculó con el periodismo haciendo radio en los 70, pasó luego al Periódico Occidente y fue un comentarista deportivo de la más alta factura.
Tuve la fortuna de conocerle vinculándolo al programa Oye Cali con un espacio titulado ‘Moreno Rumié, llegó con todo, llegó con todo’ y que tuvo una inusitada audiencia porque muchos de los videoyentes no entendían sus jaculatorias en latín y sus oraciones a la Virgen de Chiquinquirá que es la patrona de Colombia, para que salvara a esta patria.
Dotado de un peligroso humor fino, caer en sus garras era entrar en desgracia ante la opinión en general.
Sin embargo, tuvo seguidores que aplaudían su vehemencia, su rigor y su deliciosa parcialidad que desarmaba a cualquier contradictor.
En el lapso que nos acompañó, renunció algo así como diez veces siendo una minuciosa tarea reconquistarlo para que volviera al redil.
Excelente contertulio, dotado de una gran memoria fotográfica, dueño de la verdad revelada, cuando se estaba pasando de tiempo en sus intervenciones había que utilizar una sutileza para que concluyera y no se fuera del programa, y así estuvo con nosotros durante más de 12 años.
Con este insuperable amigo se corroboró aquello de que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer y ella es Lida María Roldán Collazos quien fuera su mentora y su polo a tierra, periodista también y con su única hija, Natalia, formó un hogar de gran altura intelectual y moral salpicada de su pasión por el baile, la música antillana, sus excesos gourmet y las interminables charlas en cualquier lugar de su querida Cali.
Si algo le caracterizó fue que no tragaba entero y que no lo “ninguniaba ningún ningunito”.
Solía llamarme “el último jefe que me queda” siendo la verdad que siempre fui su subalterno porque cuando otros iban, él ya venía.
Quise ser lo más organizado al asumir el reto de escribir esta columna, pero no pude, y esa fotografía de mi entrañable Luis Fidel Moreno Rumié me salió movida. Ah, falta que nos hacen sus comentarios, pero estoy seguro que allá donde esté, está gozando de lo lindo repudiando a Cepeda y apoyando a cuatro manos a Paloma y a De La Espriella…

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.
6024455000






