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¿Por qué enfermamos?

Es nuestro empaque el que sufre las consecuencias. Aún más, los estallidos de intolerancia y rencor universales hacen ver gris el panorama.

23 de abril de 2024 Por: Gloria H.

La enfermedad es lenguaje. ‘Habla’ de lo que no se logra expresar con palabras, por algo el único ser de la naturaleza que maneja la palabra es el humano. La palabra es liberadora. Sorprende, sí, que en esta avalancha de adelantos científicos, en este bombardeo de tecnología de punta, las enfermedades se multiplican y no se encuentra forma de disminuirlas. Por el contrario, su crecimiento es exponencial. En temas de salud no solo nuestro país está abocado a esta situación: lo está el mundo entero. Una paciente contaba que en España, su hijo tuvo un ataque de epilepsia, siendo octubre y la cita con el especialista se la adjudicaron para febrero. Y en Canadá otro hablaba de la espera de 10 horas que tuvo que soportar para que lo atendieran.

Todo indica que la enfermedad está muy ligada a la cultura. Por algo en psicología las patologías ‘de moda’ tienen mucho que ver con los paradigmas de la época en que se vive. Y es obvio que la cultura no ha respondido a lo que ofrece. Promete felicidad en términos materiales (carro, objetos, bienes, dinero), en términos de éxitos (estudios, poder, reconocimiento), en términos de vínculos afectivos (pareja, familia, amistad) y en ninguno de esos escenarios está el tesoro escondido. Entonces la desesperanza se apodera del humano hasta convertirse en biología con centros de salud colapsados.

¿La enfermedad será acaso el disfraz para encontrarle sentido a la existencia? ¿Dónde está la felicidad? La Descodificación Biológica, un híbrido entre Medicina y Psicología, explica cómo, detrás de cada órgano enfermo, existe una emoción que debe ser develada para alcanzar la curación. Ya se anuncia una pandemia de cáncer para dentro de 2 años, lo que confirma el desenfoque de vida: las prioridades se dirigen para el lado equivocado. Enfermarse es un grito angustiado de seres que no encuentran sosiego. La felicidad no se encontró en ninguno de los paradigmas que la cultura prometió y la desesperanza se volvió biología. Hace poco una mujer de 28 años solicitó eutanasia porque no pudo manejar la enfermedad mental.

El mundo se inunda de odios, venganzas, resentimientos. Hay que ‘cobrar’, no se puede perdonar, queremos que los otros sean perfectos, que nos hagan felices y nosotros, cuál criatura de pecho, esperamos que el afuera colme nuestras expectativas. Falso camino. Entonces, ¿dónde se enquista este reclamo? En el cuerpo. Es nuestro empaque el que sufre las consecuencias. Aún más, los estallidos de intolerancia y rencor universales hacen ver gris el panorama. No pueden los ‘grandes y poderosos’, ¿cómo pedirles a los ciudadanos del montón que lo logren?

Es casi un precepto obligatorio que una persona resentida no puede ser feliz y va camino de enfermarse. Los ‘guardados’ hacen estragos en el cuerpo. Mientras, los centros de salud colapsan y gran parte de la medicina tradicional enfrenta el síntoma, desconociendo la integralidad. O recetando el remedio más rápido: químicos, pastillas, medicamentos. No es gratuito que el negocio más rentable del mundo, por encima aún del de las armas, está en el campo de las farmacéuticas. ¿Influirá este dato en la multiplicación de las enfermedades? ¿Nos ‘necesitan’ sanos o somos más ‘rentables’ enfermos? Es el colapso de un mundo racional que no cumplió con lo prometido. ¿Por qué nos equivocamos tanto?

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