El baculazo

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El baculazo

Octubre 20, 2019 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

A la campaña para elegir alcalde en Cali se le sumó un ingrediente triste. Es la declaración con la cual el arzobispo Darío de Jesús Monsalve adhiere a la campaña de Jorge Iván Ospina.

Y de qué manera. Designado por el Papa para realizar su labor pastoral entre los seguidores de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, el prelado continúa con su intención de dividir a la sociedad para imponer su ideología. Ya no es un asunto de religión, de valores o de predicar la palabra de Cristo, sino de descalificar a todo aquel que no siga sus dictados o que no apoye a sus candidatos.

Lo hizo antes cuando calificó de asesino al Ejército por dar de baja a quien era el jefe de las Farc, en ese entonces el grupo de violencia más grande y la peor amenaza contra la vida en Colombia. Lo repitió cuando casi excomulga a quienes votaran por el No el plebiscito sobre el acuerdo firmado por el Gobierno con ese grupo.

Ahora lo ratifica con su declaración pública que censura a quienes no están con su candidato Ospina y acusa de criminales a los medios que cuentan su pasado. Al arzobispo no le preocupan las irregularidades que en su alcaldía se cometieron contra la administración pública, en las cuales se evaporaron miles de millones de pesos destinados a atender los problemas de Cali.

Y no le interesa pedir explicaciones a su candidato Ospina por los hechos de los cuales lo cuestionan, así los procesos disciplinarios hayan sido prescritos por la falta de acción de la Procuraduría. En la mente del monseñor que representa al Papa en Cali y que debe guiar a los católicos de la parroquia no parece existir la obligación de que sus amigos y compañeros de la ideología populista respondan ante la Justicia por sus actos.

En lugar de apoyar la búsqueda de la verdad, él prefiere descalificar a los jueces por los procesos penales que tiene abiertos su candidato y llenar de insultos a quienes le piden cuenta de sus actuaciones públicas. El que debía ser el Arzobispo de todos los católicos que vivimos en Cali prefiere descalificar a los medios que piden explicaciones a quien aspira a ser reelegido.

Para ello cita un acto en apariencia dirigido a predicar la paz: “Es mi deseo que Cristo Jesús ilumine sus vidas con la bienaventuranza de la paz: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios’”, decía su convocatoria.

Pero el asunto fue distinto. Darío de Jesús Monsalve usó la dignidad que le entregó la Iglesia Católica y los hábitos que la representan para señalar a todos aquellos que no estamos con sus intereses políticos y su candidato. Él, que debería ser imparcial y velar por la unidad de la sociedad, ha preferido dividirla para buscar los votos a favor de su cuestionado candidato.

Alguien debiera decirle que si quiere hacer política de aquella que siembra el odio y señala a los contradictores de su causa, tiene que respetar la dignidad que le han conferido. Que los principios católicos, los evangelios y el mensaje de Cristo no pueden ser usados para dividir, para señalar, para descalificar o para echar arengas del más pobre contenido partidista.

Y después preguntan por qué los católicos se alejan de su Iglesia. Por lo menos en Cali, el arzobispo está abusando del poder y de las dignidades que ostenta para hacer la política que llama al odio y sataniza a quienes no están de acuerdo con él, empecinado en ideologías distintas al Bien Común que predica la Fe Católica.

Sigue en Twitter @LuguireG

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