Columnistas
Los puentes que no podemos dejar caer
Coherencia entre hablar de transición energética y al mismo tiempo debilitar el bioetanol nacional, que cumple las normas y genera empleo de calidad.
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11 de abr de 2026, 02:30 a. m.
Actualizado el 11 de abr de 2026, 02:30 a. m.
Hay una idea que leí en Las 33 estrategias de la guerra, de Robert Greene, que me quedó sonando y me sirve de analogía. Es la de un general que no le apostó a destruir, sino a construir. Se dedicó a levantar una infraestructura tan sólida que no solo lo protegía, sino que lo hacía imponente frente a sus enemigos. Su fuerza estaba en lo que construía.
Eso es lo que ha hecho la agroindustria de la caña durante décadas: construir puentes con disciplina y sin pausa, en un territorio donde ha permanecido más de 160 años.
Me refiero a los puentes entre el campo y la industria, entre las regiones y las oportunidades reales para su gente, entre el empleo formal y la estabilidad social. Edificando murallas contra la criminalidad que azota a esta región. Sin duda, estos puentes han funcionado.
Este sector sostiene cerca de 286 mil familias, dinamiza las economías locales y exporta más de 600 mil toneladas de azúcar a 60 países. Además, aporta a la transición energética con 445 millones de litros de bioetanol y cerca de 2000 GWh de energía renovable, que alumbran a 600 mil hogares.
Esos puentes siguen firmes, pero estamos enfrentando una tormenta perfecta.
Por un lado, estamos en un momento de caída de precios internacionales del azúcar, que en 2025 se redujeron cerca de 18 % y arrancaron 2026 con desplomes aún más pronunciados, afectando directamente los ingresos del sector. Por otro, una presión creciente de costos de combustibles, salarios e insumos agrícolas. Además de un deterioro muy grave de la seguridad física. Y la cereza del pastel: las distorsiones en el comercio.
Las importaciones de azúcar desde Bolivia crecieron 358 % en 2025, a precios distorsionados y sin que nuestros azúcares puedan llegar allá. A esto se suma el arancel de hasta el 100 % impuesto por Ecuador, que cierra uno de nuestros principales mercados. La CAN sencillamente no está funcionando para Colombia.
Y para añadirle más leña al fuego: el programa de bioetanol. Una política de Estado para la seguridad energética, el desarrollo rural y el saneamiento ambiental, pero que hoy no funciona. Las importaciones desde los Estados Unidos ya representan más del 50% del mercado nacional, lo que está dejando inventarios acumulados y obligando a reducir la producción local. Es paradójico, porque ambos productos se necesitan en el programa, pero el importado desplaza al nacional.
Producimos para no vender, porque no hay condiciones justas. Y eso, aquí, en cualquier lado y en cualquier negocio, ¡es insostenible!
La pregunta que surge es: ¿vamos a cuidar lo que funciona o vamos a dejar que se acabe? Es necesario dar claridad de que este sector no le está pidiendo privilegios al país. No estamos pidiendo subsidios, tampoco que se cierren mercados. Estamos pidiendo coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Se habla de apoyar lo nacional, pero las decisiones van en sentido contrario. Coherencia entre hablar de transición energética y al mismo tiempo debilitar el bioetanol nacional, que cumple las normas y genera empleo de calidad.
La agroindustria de la caña pide reglas claras. No es un sector en declive, es un sector que está en tensión. Aquí hay desarrollo, talento, ciencia e investigación, así como una historia de resiliencia que pocos sectores pueden mostrar.
Retirar el respaldo a la agroindustria de la caña en este momento sería un error. Cuando un sector como este enfrenta dificultades, lo sensato es acompañarlo.
Vuelvo al inicio. Este sector ha construido puentes y eso no ocurre de un día para otro. El llamado es a conservarlos. No entiendo por qué hoy es tan difícil.

Presidenta de Asocaña
6024455000






