Columnistas
El miedo: gran elector
Los policías desarmados y diezmados tienen miedo; los profesionales tienen miedo porque sus sistemas de soporte vital, salud, educación, vivienda se desmoronan ante sus ojos.
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30 de may de 2026, 01:05 a. m.
Actualizado el 30 de may de 2026, 01:05 a. m.
Cuando me preguntan quién va ganando en las elecciones, les digo que el miedo. El miedo está arrasando. Colombia, intimidada por agresores como los guerrilleros, los extorsionistas, los narcos, los vándalos, los que amenazan con desconocer a los jueces, a los políticos y un largo etcétera, se acostumbró a moverse por temor.
Y así lo entendieron muy bien los estrategas políticos, duchos algunos en copiar recetas que han tenido éxito en otros países, en particular regímenes poco democráticos. Uno se pregunta si es justo con el país y benéfico para los colombianos pasar por encima de valores y consensos largamente construidos para obtener la victoria. Creo que no. Del miedo que todo lo vuelve cenizas, solo recogeremos un lodazal de dificultades que nos conducirán a la catástrofe en un país que debería lograr acuerdos mínimos de convivencia y bienestar.
Entonces, ciudadanos inteligentes ya repiten en su desesperación consignas llenas de susto, al extremo de decir: ¿para qué partidos políticos si todos son corruptos?, o que es mejor de una vez guerra armada para barrer a los contrarios, o que nada funciona, ni los bancos, ni las cortes, ni los empresarios, ni los médicos, ni los militares. Entonces, ¿cómo ha crecido el país si no es gracias a instituciones como estas y a una mayoría abrumadora de colombianos que madrugan a trabajar y a estudiar?
El gobierno, a su turno, intimida tomándose instituciones de cuantioso presupuesto para ponerlas a su servicio y sus funcionarios tienen miedo, mientras otros temen que se les acabe la limosna de un subsidio. Los campesinos tienen miedo, les exigen carnet del frente guerrillero o la banda armada para poder circular y les dicen cómo votar. Los policías desarmados y diezmados tienen miedo; los profesionales tienen miedo porque sus sistemas de soporte vital, salud, educación, vivienda se desmoronan ante sus ojos.
Todo ello conduce a que el libre discernimiento se envenena con memes amenazantes y consignas radicales, machistas, vulgares y falsas que ponen a la gente en vilo a votar motivada por emociones sin razón, para conjurar los mitos y fantasmas que les han sembrado. Es lo peor de la democracia. En los sistemas de doble vuelta, los ciudadanos escogen al de su preferencia, al que consideran el mejor, en la primera vuelta y luego deciden quién es el mejor para atajar a quien no desean en la segunda vuelta.
Qué manera más viciada de ejercer el voto, lamentable que mal llamados dirigentes que apelan a ello no estén considerando el interés público y sus palabras, en vez de construir, sigan ahondando la radicalización de un país que lo tiene todo, pero requiere de sus mejores para lograr el bienestar colectivo.
Ojalá los electores, las mujeres, los jóvenes, los miembros de los partidos, nuestra franja de consciencia mal denominada clase media reparen en que lo que está en juego es en verdad el futuro de esos niños y jóvenes que, por cuenta de la polarización, ya no quieren siquiera vivir en Colombia.
Hay que votar con la razón, sin la emoción y sobre todo sin miedo.
6024455000





