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¿Piensas por mí?

Hay guerras extremas en muchos lugares, pero la batalla cruel se da en recintos pequeños, con pocas personas, donde no coincidir en opiniones implica la descalificación instantánea del otro.

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Gloria H.
Gloria H. | Foto: El País.

20 de jul de 2026, 11:29 p. m.

Actualizado el 20 de jul de 2026, 11:29 p. m.

Está de moda ‘apoderarse’ del pensamiento de los otros y concluir qué piensa el otro sin ni siquiera haberlo conversado. Sorprende cómo los demás, a tu alrededor, se han convertido en tus intérpretes. Saben con mucha seguridad lo que tú opinas… y en forma ¿descarada?, ¿olímpica?, ¿ingenua? afirman cómo eres tú y lo que tú analizas.

Me parece que aquí, en este detalle cotidiano, se está produciendo uno de los problemas más fuertes de la cotidianidad. De los más agresivos y descalificadores. ¡Los demás piensan por ti! Es algo parecido a una posesión, de aquellas donde un alma en pena necesita un cuerpo para existir y entonces se apodera de lo que encuentra a su paso, para intentar descansar. Y al ‘introducirse’ en tu cuerpo, se cree tú, habla por ti, se comporta por ti y anula tu esencia. El otro es tu dueño, tu intérprete, tu vocero. Dejas de existir frente a estos ‘poseedores’ de tu realidad porque ellos decretan los alcances de tu pensamiento. Claro, es un acto de agresión inmenso porque te invisibilizan, te anulan; dejas de ser tú para convertirte en lo que ellos imaginan o suponen.

Inquieta la forma de comunicación que hoy tenemos. Cómo la verdad (¿cuál?) se ha convertido en un arma de agresión emocional donde no hay sangre en la escena, pero sí ‘asesinato’ de criterio. Yo puedo opinar lo que se me antoje, no es la verdad universal y tú puedes estar o no de acuerdo con ello, pero lo que sí es agresivo es que denigres de mí por lo que pienso que no es igual a lo tuyo. Puedo no estar de acuerdo, pero no agredo por esa diferencia. Por favor, no me encasquetes tu pensamiento: es tuyo, no el mío…

¿Por qué es tan difícil escuchar? ¿Por qué es necesario imponer? ¿Por qué es tan complejo aceptar la diferencia? Son los estertores de la cultura patriarcal: la pérdida de control es alucinante y para esta filosofía el eje de su existencia se nutre de control y de poder. Era ‘tan fácil’ como se vivía anteriormente: uno mandaba y otros se sometían. Uno opinaba y otros acataban. ¡Tan fácil!

Por ello, la pluralidad es aterradora porque te obliga a tener un criterio que no necesariamente tiene apoyo del grupo o de la manada. No existe una sola verdad: la tuya puede ser diferente a otra y hay que aceptarlo. Pero es tan angustiante no tener la razón. Es como estar al borde de un precipicio. Quedar en el aire, como si te movieran el piso. Como si la identidad se construyera de la aprobación de los otros. Si no legitiman tus conceptos, corres peligro.

El clan, la manada, el grupo, el rebaño, como quiera nombrarlo, es un refugio que da identidad y presencia. Bert Hellinger decía que una de las tragedias más grandes que experimenta un ser humano es la exclusión, la no pertenencia. El que no te reconozcas parte de algo genera tal angustia que puedes enloquecer. ‘¿Quién soy?’: lo que el grupo diga y eso ‘solo’ basta para sobrevivir. Por ello es tan difícil la vida del inmigrante: no pertenece y buscar incluirse es cuestión de vida o muerte.

Tener la razón, creer en mi verdad como universal, suponer lo que va a suceder con base en mi mirada, descalificar al otro porque, como no opina lo mismo que yo, o es bruto o ignorante, son ahora las nuevas armas que convierten en un infierno cualquier escenario. Hay guerras extremas en muchos lugares, pero la batalla cruel se da en recintos pequeños, con pocas personas, donde no coincidir en opiniones implica la descalificación instantánea del otro.

¿Acaso existe al menos uno, un solo criterio que resista el paso de los tiempos y la evolución? Todo es transitorio, por ello no existe una verdad universal. Aceptar el cambio y la diferencia nos haría mejores humanos. Pero… es peligroso darle la razón a otro porque me coloca en peligro de desaparecer. Yo soy lo que pienso y quien se atreva a cuestionarlo, se convierte de inmediato en mi enemigo. Ese es nuestro presente.

Psicóloga, conferencista de temas de pareja, cambio y espiritualidad. Licenciada en Letras. Directora de los programa de televisión “Revolturas, Despertar de la Conciencia” en el Canal 14, y "Consultándole a GloriaH" en el Canal 2 en Cali. Colaboradora habitual de la radio en “Oye Cali”, “El corrillo de Mao” . En 2009, ganó el premio Rodrigo Lloreda Caicedo a la mejor columna de opinión en El País. Autora de los libros “Hablemos del Amor” , "Amarte no es tan fácil" y “Dónde esta mi papᴔ.

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Juan Manuel Sanclemente, tulueño, actual director ejecutivo del Comité Intergremial y Empresarial del Valle del Cauca. Ingeniero Agroindustrial (USB Cali), Especialista en Economia (PUJ Bogotá) y Magíster en Desarrollo Rural (PUJ Bogotá).

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