Columnistas
Nueva York volvió a llorar
La marcialidad del acto entre la música y el silencio entre las ruinas, en el tiempo exacto en que se cumplieron los ataques, hicieron resonar después las palabras de Abraham Lincoln...
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10 de sept de 2026, 12:50 a. m.
Actualizado el 10 de sept de 2026, 12:50 a. m.
Mañana se cumplirán 25 años del infierno de las torres en Nueva York. Un año después, en 2002, la ciudad se sumió en un gran silencio, mientras solo se escuchaba el tañido de 300 gaitas. Entonces me desempeñaba como corresponsal de El País en Nueva York.
El planeta todavía se estremece cuando recuerda aquello.
Así escribí entonces:
Times Square, donde el mundo chisporrotea en centenares de avisos, sobre una multitud que parece siempre en actitud fílmica, pareció morir ayer por dos minutos, pues otro filme, real y doloroso, empezó a filmarse sobre las ruinas del Centro Mundial de Comercio al momento de recordar a las 2801 personas (cifra oficial), asesinadas hace 1 año. Solo el claxon de uno que otro carro y las fumarolas del tren en las calles parecían dar cuenta de la vida en este lugar donde el abejeo humano alcanza niveles electrizantes.
Pero no; no era que la babel de los tiempos posmodernos había cancelado de pronto su ardoroso treno; eran las campanas de las iglesias echadas al vuelo para recordar, a las 8:46 de la mañana y posteriormente a las 9:03, a los misiles humanos disparados contra las torres que simbolizaron el poderío económico de la isla de Manhattan. Los hindúes que venden revistas y tabaco en los subterráneos del tren guardaron silencio; también los vendedores de pretzels apagaron las hornillas y miraron hacia el lugar hoy rodeado por luces y estructuras metálicas, como si se tratara de una siderúrgica mortuoria, del ‘Georges Pompidou’ de los difuntos. También los músicos que a esa hora se apresuraban por las calles Cortland y Chambers se apearon junto a la ‘Zona Cero’ para dejar sus bicicletas apoyadas contra los muros; contrabajos, trompetas y cornos en silencio.
Aunque las advertencias sobre amenazas fueron serias y tanto el gobernador Pataki como el alcalde Bloomberg no esperaban gran afluencia de público en torno al lugar del desastre, miles de neoyorquinos y estadounidenses provenientes de otros estados, así como extranjeros, hicieron vigilia desde el martes 10 con velas encendidas y conciertos frente a las iglesias y parques. La mayoría portaban una pequeña bandera de los Estados Unidos y tenían los ojos anegados. Quizá el momento más triste que se vivió ayer fue cuando el viento del Hudson les recordó a los neoyorquinos que el otoño está cercano, y sopló sobre terrazas y sombreros, porque 300 gaiteros hicieron subir y bajar sus fuelles para dejar oír ‘Yendo a casa’, de la sinfonía ‘Desde el nuevo mundo’, de Dvořák.
La marcialidad del acto entre la música y el silencio entre las ruinas, en el tiempo exacto en que se cumplieron los ataques, hicieron resonar después las palabras de Abraham Lincoln, en el discurso del alcalde Michael R. Bloomberg, quien recordó la famosa ‘Carta de Gettysburg’, en la que dice que, Estados Unidos de América, amparada por Dios, busca un nuevo camino de libertad.
Al silencio de quienes rodearon la ‘Zona Cero’ para honrar a los caídos, siguió una salva de aplausos con tintes de estruendo, al momento en que el exalcalde Rudolph Giuliani tomó la palabra para iniciar la lectura de los 2801 nombres correspondientes a cada uno de los caídos, según el registro federal.
Giuliani no pudo disimular su azoro y levantó la mano para corresponder a la simpatía ciudadana; 200 personas lo sucedieron en la tarea de nombrar a los muertos, por espacio de 1 hora, aproximadamente. Las voces parecían formar en el aire unas nuevas torres invisibles de amor y solidaridad, pues el conteo estuvo acompañado por la música del cellista Yo-Yo Ma, quien hace aproximadamente dos años perdió su instrumento, uno de los más costosos del mundo, en un taxi de Nueva York. El taxista regresó al hotel para devolvérselo y este gesto sirvió para recuperar una campaña en favor de la buena imagen de los taxistas de la ciudad, desacreditados por varios años.
Ciento cincuenta museos se unieron a la fecha dolorosa, con distintos eventos, en tanto que la ‘Alerta Naranja’, decretada desde Washington, se sintió en cada pulgada de la ciudad de Nueva York; buzos entrenados para disparar frente a blancos en movimiento se sumergieron frente al East River, mientras el FBI, en coordinación con la policía, instalaron sus más rigurosos filtros en los aeropuertos de La Guardia y John F. Kennedy, así como en el terminal vecino, en Boston, de donde partió uno de los vuelos hacia las Torres Gemelas, hace un año. Pero la vigilancia en las carreteras y túneles de acceso a la ciudad, así como en los puentes ‘George Washington’, el más viejo, Brooklyn y Manhattan, así como en las vías a Queens, se dio con carácter permanente desde el inicio de septiembre, aunque las tareas de ayer no exigieron demasiado a los agentes. El tránsito vehicular se redujo en un 60 % en toda la ciudad de Nueva York, y miles de trabajadores decidieron tomar ayer su día de descanso o iniciar vacaciones. Ningún vuelo fue autorizado dentro de las 30 millas náuticas desde el desaparecido ‘World Trade Center’.

Medardo Arias Satizábal, periodista, novelista, poeta. En 1982 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría Mejor Investigación. En tres ocasiones fue honrado con el Premio Alfonso Bonilla Aragón de la Alcaldía de Cali. Es Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, 1987, y en 2017 recibió el Premio Internacional de Literaturas Africanas en Madrid, España.
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