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El cuarto de espejos

La crítica sigue siendo necesaria, pero la coherencia exige que nuestras ideas conversen con los hechos y no únicamente con nuestras preferencias, o peor, con las ideas que creemos ciertas.

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Daniel López
Daniel López, gerente de sostenibilidad del Banco de Occidente. Foto suministrada por la empresa. | Foto: El país

20 de jul de 2026, 11:27 p. m.

Actualizado el 20 de jul de 2026, 11:27 p. m.

Cada vez estoy más convencido de que uno de los mayores riesgos de nuestro tiempo no es la inteligencia artificial ni la desinformación. Es más bien la facilidad con la que podemos pasar años escuchando únicamente aquello que confirma lo que ya pensamos.

Los algoritmos no fueron diseñados para decirnos qué creer. Fueron diseñados para mantener nuestra atención para alimentarse de ella. Y descubrieron que la mejor manera de hacerlo era mostrarnos contenidos, personas y opiniones con las que probablemente estaremos de acuerdo. El resultado es una especie de cuarto de espejos: un lugar donde, miremos hacia donde miremos, encontramos reflejos de nuestras propias ideas y convicciones.

El problema del cuarto de espejos no es que existan muchos reflejos. Es olvidar que seguimos dentro del cuarto.

Entonces empezamos a creer que nuestras preocupaciones son las de todo el mundo, que nuestros argumentos representan el sentido común y que quien piensa distinto simplemente no ha entendido la realidad. Sin embargo, la realidad sigue estando afuera de ese cuarto, en la oficina donde trabajamos, en el barrio donde vivimos, en nuestra familia, nuestros amigos, en quienes emprenden, crean empresa, trabajan en el sector público, educan, cuidan de otros o enfrentan problemas muy diferentes a los nuestros. La sociedad nunca ha cabido dentro de un algoritmo.

Por eso me preocupa cuando el discurso deja de dialogar con la realidad que vivimos. Cuando hablamos de las empresas, del Estado o de cualquier institución como si fueran entidades ajenas, olvidando que nosotros también hacemos parte de ellas. Resulta difícil sostener un discurso que desconoce la experiencia que nos ha formado. Si una organización nos ha permitido crecer profesionalmente, sacar adelante a nuestra familia, acceder a oportunidades o construir un proyecto de vida, esa realidad también merece ser parte de nuestra reflexión. La crítica sigue siendo necesaria, pero la coherencia exige que nuestras ideas conversen con los hechos y no únicamente con nuestras preferencias, o peor, con las ideas que creemos ciertas.

Charlie Munger, uno de los empresarios más reconocidos a nivel mundial, decía que una de las habilidades más valiosas era destruir una buena idea cuando encontraba una mejor. No era una invitación a cambiar de opinión por moda. Era un reconocimiento de que la verdad está por encima del ego.

La ciencia lleva siglos funcionando bajo esa misma lógica. Ningún descubrimiento importante se convierte en conocimiento porque su autor esté convencido de tener la razón. Antes debe pasar por el “peer review”, o sea, exponerse al cuestionamiento de otros, resistir nuevas evidencias y aceptar que siempre existe la posibilidad de estar equivocado. Ese proceso no debilita las ideas; las fortalece.

Quizá necesitamos recuperar esa actitud fuera de los laboratorios. Exponer nuestras convicciones al escrutinio de personas que piensan distinto. Buscar conversaciones que nos incomoden. Contrastar nuestras opiniones con la realidad que vivimos y con el rol que desempeñamos en la sociedad. No para renunciar a lo que creemos, sino para asegurarnos de que nuestras ideas siguen describiendo el mundo y no únicamente el reflejo que un algoritmo decidió poner frente a nosotros.

Porque una sociedad no se construye cuando cada persona encuentra un lugar donde siempre tiene la razón. Se construye cuando somos capaces de poner nuestras mejores ideas al servicio de una conversación más amplia que nosotros mismos.

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Juan Manuel Sanclemente, tulueño, actual director ejecutivo del Comité Intergremial y Empresarial del Valle del Cauca. Ingeniero Agroindustrial (USB Cali), Especialista en Economia (PUJ Bogotá) y Magíster en Desarrollo Rural (PUJ Bogotá).

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