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La resignación calórica de enero
Insisto, no hago una oda a la obesidad, pero sí exalto el placer de disfrutar la comida, tanto la sencilla como la sofisticada, con risas, generosidad en el alma y sin hacer alusión a carbohidratos y proteínas, palabras que se tiran el menú.
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25 de ene de 2026, 01:28 a. m.
Actualizado el 25 de ene de 2026, 01:28 a. m.
Enero era el mes de la ilusión. Como en diciembre era tan difícil decirle que no al licor, a las tortas, a las hojaldras, a los buñuelos, a la natilla, al pavo, al desamargado, al manjarblanco (la lista podría seguir), decidimos tener la esperanza de que en enero recuperaríamos la figura deseada. Iba a ser el inicio de las dietas, del gimnasio, la cita con el deportólogo y el cambio de talla. ¡Qué optimismo! En la nevera quedaban mates de arequipe recién empezados. No faltó el regalo tardío cargado de calorías y la interrogante fue: ¿cómo perder esos manjares? La disculpa era la pena con la persona que nos lo envió, o con la tía que quedó con ciática después de menear por horas la cagüinga, aquella gigante cuchara de palo, amante anual de la paila de cobre.
Comenzamos con el aterrizaje a mediados de enero: la ropa XL seguirá siendo XL, pues no tiene sentido ir al almacén a pedir cambio por talla menor. Allí venden ropa, no utopías. Hasta las medias nos quedan chicas, para no mencionar la ropa interior, cuya estrechez no la sentimos en la región Asprillesca sino en el resorte. El huequito de la correa abandonó su ubicación de siempre, dando lugar a una cicatriz en el cuero. No es que la ropa ahora sea más ‘fit’, es que nuestro cuerpo está más ‘fat’.
La mente entonces se debate entre la depresión, la resistencia a aceptar el nuevo perfil o la bienvenida a esos kilitos extras. Fortunosamente, cada vez estoy encontrando más gente y literatura que simpatiza con los gorditos, ojo, no con la obesidad, pero sí con esos michelines, como llaman las españolas a las llanticas abdominales. La calidez y humor de los gordos es proverbial, al punto de que la gorda es la primera en ser tenida en cuenta para los paseos porque, además, nadie baila como ellas. Nuestra retina guarda películas inolvidables de gordos que marcaron época en las discotecas de Cali: Cantero, Bejarano, Iragorri, Corkidi, eran apetecidos por sus parejas y seguramente hasta por caníbales.
Nada como compartir con boquisabrosos. No volví a salir con quien critica mi tocineta en la salsa carbonara o al deleite de la “frontera gorda” en el churrasco. Me encanta la gente que come postre y no la de “tráeme una cucharita para probar”. Me caen bien los gorditos que a las 3:00 p.m. caminan por sus oficinas o en la calle con gotas de aceite de oliva y hasta con pizcas de salsa criolla en su corbata o en la pechera de la camisa. Llevan las condecoraciones que deja el buen yantar.
Me gustan las ociosas. Las hinchas de la miel, la leche condensada y hasta las que esparcen manjarblanco o dulce de guayaba en el bizcochuelo vallecaucano. Nada como encontrar con quién disfrutar un oporto acompañando el postre.
Insisto, no hago una oda a la obesidad, pero sí exalto el placer de disfrutar la comida, tanto la sencilla como la sofisticada, con risas, generosidad en el alma y sin hacer alusión a carbohidratos y proteínas, palabras que se tiran el menú. Nada más frío y desencantador en una carta que la frase ‘usted puede escoger dos carbohidratos y una proteína’. Es como poner IQ, nivel de inteligencia, en la tabla de parámetros para encontrar pareja. Es más, me están dando desconfianza los metrosexuales maduros que lucen cuerpos piscineros en esta etapa de la vida. En el menos peligroso de los casos, serán aburridores, pues los gocetas de la vida combinan traguito con chicharrón, lo que jamás hará el metroquijote del barrio.
El gobierno Trump está desbaratando una serie de mitos acerca de la comida. Eso me parece bien. Que volvamos al sano disfrute y a la sensualidad de las formas; porque unos buenos muslos jamás serán derrotados por el contacto con los meniscos o la rótula. Bueno, a menos que estos nos inspiren un buen osobuco con pasta para la próxima salida.
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