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La boleta de entrada

Una vez que Ramiro empieza a hablar y a entrar en confianza, hace referencia a otros temas más íntimos que también lo torturan en silencio.

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Carlos E. Climent
Carlos E. Climent | Foto: El País

1 de mar de 2026, 12:57 a. m.

Actualizado el 1 de mar de 2026, 12:57 a. m.

Las personas que por primera vez buscan ayuda psicológica pocas veces llegan a consulta con el problema fundamental claramente definido. Por regla general, presentan quejas o síntomas agobiantes, que no reflejan lo esencial. Pues sabemos que lo que hace más ruido no es lo más importante. Ese síntoma agudo es lo que podemos denominar ‘la boleta de entrada’ a la consulta. Pero la verdadera causa de los síntomas, con frecuencia, se encuentra oculta detrás de múltiples capas que deberán ser removidas.

Un buen ejemplo de lo descrito es Ramiro*, un exitoso arquitecto de 65 años, casado y con tres hijos sin problemas, que ya no viven con sus padres. La causa ‘oficial’ de la consulta (la boleta de entrada) es que se la pasa angustiado y tiene demasiada rabia con la situación política del país y del mundo.

Ramiro expresa constantemente su intolerancia hacia los líderes políticos, tanto de su país como de otros países. El tráfico vehicular caótico de su ciudad, con motos sin control que tiene que enfrentar todos los días, tampoco ayuda. Gran parte de las razones para su rabia parecen ser circunstancias externas sobre las cuales no tiene control.

Una vez que Ramiro empieza a hablar y a entrar en confianza, hace referencia a otros temas más íntimos que también lo torturan en silencio. Piensa que su rabia recurrente está afectando su relación de pareja con una mujer leal, quien ha sido fundamental para su estabilidad y para criar muy bien a sus hijos. Siente que sus capacidades mentales se están mermando, pues se le olvidan los nombres de personas y cosas, y a menudo pierde temporalmente las gafas y el celular.

Al mismo tiempo, refiere que su esposa cada vez le hace más reclamos por su afición creciente por el alcohol, que utiliza para relajarse. Teme que su ingesta de alcohol se esté convirtiendo en un grave problema que no puede seguir ocultando. Adicionalmente, comenta que lo irrita sobremanera la falta de tiempo porque es incapaz de poner límites a las demandas en el campo profesional. La acumulación de todas estas circunstancias lo tienen angustiado, obsesionado, y le han hecho perder su capacidad para disfrutar de la vida.

Ramiro llega a consulta buscando un tranquilizante para solucionar de una manera rápida sus síntomas. Pero, después de compartir los temas que más lo intranquilizan, empieza a entender que su rabia no se debe exclusivamente a factores externos, sino a una serie de miedos, muy personales, sobre los cuales no ha hablado y que son las verdaderas causas de su desespero.

Le propuse desmenuzar una por una sus preocupaciones para que juntos pudiéramos analizar si se trataba de asuntos que estaban a su alcance. Al darse cuenta de que era inútil dedicarle tanta energía a asuntos que él no podía resolver, se liberó de su omnipotente papel de gran controlador.

Fue así como empezó a hacer un esfuerzo consciente para que sus intrascendentes fallas cognitivas, el caos vehicular y la política global y nacional no lo afectaran tanto. Entonces comenzó a enfocarse con más humildad en dos asuntos íntimos, esos sí fundamentales: controlar su grave problema con el alcohol y arreglar una deteriorada relación de pareja.

* Ramiro representa una condensación de muchos casos con historias parecidas.

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.

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