Columnistas
Los verdaderos líderes de la nación
Hasta que por fin los ciudadanos se dieron cuenta que habían estado buscando incansablemente a alguien que conociera los corazones de su pueblo
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18 de may de 2026, 01:24 a. m.
Actualizado el 18 de may de 2026, 01:24 a. m.
Hace poco me acordé de un cuento que nos compartieron como señal de reconocimiento en el Día del Maestro el año pasado. Este cuento narraba la historia de un pueblo que se quedó sin gobernante y los ciudadanos, desesperados por encontrar a la persona más sabia y capaz para liderarlos, decidieron entrevistar a las personas más respetadas del pueblo y buscar referencias suyas.
Primero pensaron en el jefe de policía, quien era conocido por ser valiente y ordenado, pero para estar seguros de su carácter fueron a la escuela del pueblo a consultar a la maestra que llevaba ahí toda la vida. Al preguntarle por este ciudadano, la maestra sonrió y dijo “Ah sí, Juan fue alumno mío, él es noble, valiente, y bondadoso, recuerdo que de niño le costaba mantener la calma cuando se enojaba”, y siguió contando anécdotas sobre Juan.
Así, esto continuó sucesivamente, pues pensaron en el jefe de los bomberos, en el abogado del pueblo, el médico, y muchos otros ciudadanos respetables. La maestra recordaba a cada uno, conocía las fortalezas y debilidades de todos, y hablaba con asertividad y sabiduría sobre los candidatos.
Hasta que por fin los ciudadanos se dieron cuenta que habían estado buscando incansablemente a alguien que conociera los corazones de su pueblo, alguien que conociera las fortalezas de la comunidad y que tuviera la sabiduría para guiarlos. En medio de esta reflexión, se dieron cuenta que esa persona había estado bajo sus narices todo ese tiempo, y habían recurrido a ella varias veces buscando orientación: esa persona era la maestra. Había sido ella la persona capaz de educar, cuidar y formar a todos los ciudadanos del pueblo. Por lo tanto consideraron que era ella la mejor persona para liderarlos.
Este cuento me llevó a reflexionar sobre el rol vital y fundamental que jugamos los educadores, los maestros y las personas que tenemos como vocación formar las pequeñas mentes que nos rodean.
Pensé en mis propios maestros a quienes recuerdo con profundo agradecimiento, Ms. Mona y Ms. Tedesco, quienes me enseñaron el valor de la empatía y la amistad, Ms. Johnston, Ms. Arboleda y Ms. Fi, quienes me acompañaron cada día a atravesar el divorcio de mis padres, Ms. Doris, quien me enseñó a escribir, redactar y poner tildes, Posso, quien a pesar de mis limitadas habilidades matemáticas, siempre creyó en mí. Vivi, quien me enseñó la profundidad de la literatura hispanoamericana, y compartimos cada emoción al leer Cien Años de Soledad, y Mr. Linton, uno de mis guías más grandes, me enseñó el poder que habita dentro de mí y el talento innato que tengo para transmitir a través de mis palabras, para tocar corazones, y para cambiar vidas; ellos definitivamente cambiaron la mía. Estas son las personas que me formaron de 7:00 a.m. a 3:00 p.m. todos los días durante 15 años.
Estas son las personas que me conocieron y me acompañaron en cada etapa de mi vida, en cada momento de impacto, en cada transición, en cada fracaso, en cada aprendizaje, en cada reto, y en cada logro. Los maestros son los segundos cuidadores de los niños, son su lugar seguro por fuera del hogar, los maestros son quienes los inspiran a forjar su propio camino, a mirarse con ojos de orgullo y de inspiración, los educadores son quienes nos motivan a soñar en grande.
Estas son las personas que son refugio para aquellos niños que habitan hogares violentos, las personas que son motor para aquellos adolescentes que no encuentran propósito, son guía para aquellos que el reclutamiento es su única opción, son puerto de esperanza para aquellos que no tienen quien crea en ellos, los maestros son hogar para aquellos que no lo tienen. ¡Que fortuna es ser Ms. Sofi! Por eso hoy, recordando el Día del Maestro el pasado viernes 15 de mayo, dedico mis palabras a todos aquellos que escogieron la vocación de educar.
Como psicóloga, maestra, y exalumna, les agradezco a cada uno de estos profesionales que madrugan todos los días para transformar su aula en un refugio seguro y recibir a sus estudiantes con una sonrisa llena de amor y sintonía. A cada maestro, asistente, consejero, terapeuta, rector, y líder educativo: Gracias por todo lo que hacen, gracias por moldear mentes en crecimiento, gracias por cuidar de cada corazón, gracias por notar cada estado de ánimo, gracias por trabajar horas extra sin remuneración proporcional a la dedicación, gracias por aprender constantemente, gracias por velar por el bienestar de cada ser humano bajo su cuidado, gracias por formar nuestro futuro, y gracias por construir país.
Dicen que detrás de cada mente brillante hubo una maestra que creyó en ella, y hoy más que nunca entiendo esto como una verdad certera. Detrás de cada médico, cada abogado, cada político, cada empresario, cada ingeniero, cada periodista, y cada profesional hubo un maestro que creyó en ellos. Detrás de cada uno de nosotros que tenemos la fortuna de tener una educación, existen cientos de profesores que nos formaron.
Así que maestros, gracias por tomarnos la mano, gracias por abrirnos la mente, y gracias por tocarnos el corazón con su profesión. Son ustedes los verdaderos líderes de la nación.
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