El gran acuerdo

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El gran acuerdo

Noviembre 27, 2019 - 11:40 p. m. Por: Jorge Restrepo Potes

Sebastián Piñera, presidente de Chile, luego de militarizar la capital por los graves disturbios que se presentaron con las inmensas marchas de protesta contra su Gobierno, tuvo que salir a confesar que el suyo -y anteriores- eran culpables de no haber atendido los reclamos que sacaron el pueblo a las calles. En medio del caos, tuvo que admitir el cambio de la Constitución pinochetista que allá rige, y concertó que en 2020 se hará la reforma constitucional.

Lo peor que le puede suceder a alguien es no reconocer que es la causa del problema, y eso es lo que les pasa al presidente Duque y al patrón, que asumen como verdad revelada que son otros el problema, y por eso no son capaces de enderezar el rumbo para acordar con los que exigen cambio drástico en la conducción del Estado.

Uno ve y escucha al Presidente en las dos alocuciones que hizo con motivo de la marcha del 21, y luego con los cacerolazos que le siguieron, y se recibe un mensaje tremendo: que Duque no entiende que la gente que está en las calles –emberracada- protesta contra él y contra lo que representa, que es un régimen de extrema derecha que solo acepta de amigos a los furiosos del Centro Democrático, y tilda de enemigos a los demás colombianos: una parranda de castrochavistas que pretenden derrocarlo.

Y es ahí en donde está el error oficial. El expresidente Uribe y sus áulicos, un día sí y otro también gritaron que la movilización del 21 de noviembre era organizada por el Foro de São Paulo y por el Socialismo del Siglo XXI, que personifican los gorilas de Venezuela. Duque cayó en esa trampa.

Aquí no hubo infiltración ninguna pues los vándalos que causaron daños y encuentros violentos con la Policía fueron muy pocos comparados con los miles y miles que salieron sin hacer estragos ni provocar a las autoridades. El pueblo de Bogotá, de Cali, de Medellín, de toda Colombia, no sabe qué es el tal foro, ni obedece órdenes de Maduro.

La muchedumbre que copó calles y plazas era una multitud de personas, la mayoría de clase media, que ve con angustia que las conquistas alcanzadas están siendo perdidas, y que cada día son mayores las necesidades pues sus ingresos son insuficientes para cubrir los gastos.

Pero si a esos miles de hombres y mujeres se les ofende llamándoles comunistas, se disgustan. Lo que hicieron Duque y Uribe fue crecer la audiencia, como en el poema de Jorge Zalamea.

El Presidente debe convocar a la Casa de Nariño a todos los actores de la vida nacional, políticos, sindicatos, empresarios, estudiantes, en fin a todos aquellos que puedan construir el gran acuerdo que saque al país de la oscura encrucijada en la que se encuentra.

No es con los gritos destemplados de los fanáticos uribistas en el Congreso. Es con gente que piense que el futuro de Colombia está en juego, y que de seguir esta confrontación, nadie saldrá ganando. El primero que pierde es Iván Duque pues el tiempo que le queda de presidente es muy largo, y más si el pueblo sigue con el cacerolazo permanente.

No es con este gabinete de extrema derecha como saldrá adelante. Es llamando a lo mejor del país para concertar un gobierno de verdad nacional. Eso es lo que haría un auténtico hombre de Estado, advirtiendo que el pueblo que colma las calles, protesta contra él y contra las ideas fascistas que representa.

Ojalá Dios lo ilumine y se convenza de que para poder ingresar a la historia de Colombia debe sortear esta gravísima crisis con inteligencia y sin apelar a la línea dura de su partido.

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