Columnistas
Historias de Popayán
Álvaro Pío, tío abuelo de Paloma Valencia, era un hombre de estudio múltiple y erudito...
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27 de mar de 2026, 12:31 a. m.
Actualizado el 27 de mar de 2026, 12:31 a. m.
El popayanejo Fernán Martínez Mahecha, periodista, escritor, artífice de comedias, proyecciones artísticas y conductor de personajes del mercado musical, escribió en El Tiempo la semana pasada una crónica cierta y agradable sobre aquella Popayán que él ha conocido y sobre personajes tan importantes como Álvaro Pío Valencia, hermano de Guillermo León e hijo por supuesto del maestro Guillermo Valencia. Se volvió comunista él mismo, en el sentido de dejar de ser un hombre pudiente, heredero de su abuela Josefina Muñoz, hija de un comerciante muy rico, con riqueza hecha por sus propias manos: Don Ignacio Muñoz Córdoba.
Álvaro Pío, tío abuelo de Paloma Valencia, era un hombre de estudio múltiple y erudito. Lo conocí mucho y fui su amigo desde que yo estudiaba en aquella ciudad donde me gradué de abogado, me casé con una popayaneja, y puse a iluminar las luces que me entregó la famosa Universidad del Cauca. Álvaro Pío volvió comunista a Manuel Cepeda Vargas, padre de Iván Cepeda, quien, a pesar de su camuflaje, siempre ha sido del partido comunista y cree en eso y en la Revolución. También conozco de fondo estos sucesos, porque fui amigo, hasta donde se pudo, de Manuel.
Recuerdo que en unas fiestas universitarias ganamos con Manuel un concurso de poesía, que patrocinó el mono Antonio José Lemos Guzmán, el rector. A cada uno nos dio el premio y nos fuimos a celebrar al mejor centro social que era el Bamby, donde todos los compañeros se nos pegaron hasta donde nos alcanzaron los billeticos del premio.
Años pasaron y fui elegido representante a la Cámara y después presidente de la Comisión Primera, que era la más importante. Allí vi mucho a Manuel, ya encargado de dirigir el semanario Voz. Y en esa misma comisión figuraba Gilberto Vieira, igualmente mi amigo y en ese tiempo Secretario General del Partido. Y, como cosa curiosa, el vicepresidente de la Comisión era Ignacio Valencia López, mi compañero de las aulas y de las luchas que emprendimos contra el dictador Gustavo Rojas Pinilla desde la Universidad. Nacho, como cariñosamente lo llamábamos, era hijo de Guillermo León Valencia y sobrino de Álvaro Pío, quien era amigo de todo el mundo en aquella Popayán de estudio y un poco de bohemia.
Ignacio ya había sido el secretario privado de su padre, Guillermo León, presidente de la República, con solo cinco pesos de sueldo. Un día me invitó, con mapa, a una finca en el Tolima donde se iba a casar con su novia Dorotea, hija del doctor Mario Laserna Pinzón, fundador de la Universidad de Los Andes. Laserna era una especie de prócer viviente y personaje de gran cultura y patriotismo. Del matrimonio de Ignacio y Dorotea nació Paloma Valencia, a quien me presentó una tarde el expresidente Álvaro Uribe Vélez que andaba con ella, ya en campaña presidencial. Hablamos poco. Después la conocí y hablamos como si hubiéramos sido amigos toda la vida. Y en ella he encontrado a la familia Valencia, incluso a Álvaro Pío con su comunismo antidictadura y humanitario, que todos compartimos, buscando la justicia social sí, pero no la dictadura del proletariado, representada por unos sujetos endiosados y abusivos contra las libertades públicas. Sí, en el espíritu social y político de Paloma se encuentra la paz total que buscó y encontró su abuelo Guillermo León para Colombia, y aquella justicia social que anhelaba Álvaro Pío.
A propósito, un día le pregunté en intimidad a Nacho cómo había sido la muerte del expresidente. Con palabras tristes me contestó. “Había dejado el poder y andábamos en una invitación que le hicieron en Nueva York. Paseábamos por la Quinta Avenida. Él tenía una gabardina viejita -que yo le conocí-. Miró el encanto de una nueva en la vitrina. Le gustó tanto, que entró al almacén y preguntó el precio. Era alto como todo allí. Lo cierto es que no tenía con qué comprarla. Él, una persona que acababa de ser presidente de esta República. Fue en ese momento en que le vino el síncope cardíaco. Cuando en un taxi lo llevaron a un hospital, murió.”
Pocos ejemplos hay sobre la honestidad de un hombre de gobierno como el que dio Guillermo León Valencia, por cierto tan honrado como aquel personaje de Tolstoi que no tenía camisa. Tal vez por eso y por lo que he narrado en esta nota, pienso que es una garantía contra todo ese deslizamiento moral que se encuentra en el régimen petrista, comenzando por el señor Ricardo Roa de Ecopetrol, pérfido hasta el alma, al igual que su novio o compañero, ambos en busca de billete y riqueza bajo el amparo del señor Petro.
Por eso votaré por Paloma, porque sé que no hay nadie que pueda tener tan alto sentido del honor, del patriotismo y del conocimiento del Estado. Como lo tuvieron su padre, su abuelo y su tío abuelo Álvaro Pío y su bisabuelo, el maestro Guillermo Valencia, inmediatos antepasados.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra
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