Columnista
¿Habrá llegado la hora?
La superpolarización que hoy asfixia a Colombia es, en buena medida, producto del enfrentamiento de egos masculinos.
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16 de feb de 2026, 01:12 a. m.
Actualizado el 16 de feb de 2026, 01:12 a. m.
En Colombia puede haber llegado el momento de elegir a una mujer como presidenta. El mundo está cambiando y nuestro país tiene la obligación de cambiar con él. Por primera vez, un número significativo de naciones importantes está siendo gobernado por mujeres con resultados que merecen atención. Además, importantes organismos internacionales están presididos por mujeres.
Una de las naciones más poderosas del mundo, Japón, acaba de dar un paso formidable. En octubre de 2025, Sanae Takaichi se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra en la historia de ese país, tradicionalmente conservador y dominado por hombres.
Los resultados hablan por sí solos: en las elecciones de febrero de 2026, su coalición obtuvo una victoria aplastante con una gran mayoría en la Cámara Baja, la más amplia en la historia electoral japonesa de posguerra. Las encuestas le otorgan niveles de aprobación superiores al 70 %, cifras que muchos gobernantes envidiarían.
México, país tan cercano a nuestra cultura, eligió en 2024 a Claudia Sheinbaum como su primera presidenta. La doctora Sheinbaum, científica de formación, ha mantenido índices de aprobación por encima del 70 % y exhibe logros en materia de empleo y reducción de la violencia que sus predecesores varones no consiguieron. México es hoy el segundo país con menor desocupación en el mundo.
Pero quizás el caso más emblemático es el de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Con apenas 48 años, Meloni lidera el tercer gobierno más largo en la historia de la república italiana, un país donde la inestabilidad política ha sido la norma. Meloni ha reducido el déficit público, mejorado la calificación crediticia del país y se ha ganado el respeto tanto de aliados como de adversarios.
El vicepresidente norteamericano J. D. Vance describió a Giorgia Meloni como alguien que “sabe escuchar extraordinariamente bien y es directa sin resultar ofensiva”. Cualidades que faltan en muchos de los gobernantes masculinos del momento, incluso en algunos líderes actuales de nuestro país.
Con estos ejemplos a la vista, resulta legítimo pensar que en Colombia puede haber llegado la hora de considerar seriamente a una mujer para la Presidencia de la República. Como pocas veces antes, han convergido tantas candidatas en una misma contienda electoral: Paloma Valencia, Vicky Dávila y Claudia López son las más opcionadas y representan distintos sectores del espectro político.
En lo personal, me parece que Paloma Valencia reúne las mejores credenciales de preparación académica y experiencia legislativa, sin perjuicio de que Claudia López agrega valor desde la gestión ejecutiva y de que Vicky Dávila demuestra innegable valor en la defensa de sus posiciones.
Hay una razón adicional que merece reflexión. La superpolarización que hoy asfixia a Colombia es, en buena medida, producto del enfrentamiento de egos masculinos. La política colombiana se ha convertido en un ring de boxeo donde lo que importa es el golpe más sonoro y no la construcción de consensos.
La actitud más conciliadora que suelen exhibir las mujeres en el ejercicio del poder (Meloni, Takaichi y Sheinbaum lo demuestran con creces) es precisamente lo que este país necesita en un momento en que las cosas se están resolviendo a los gritos y a los enfrentamientos.

Doctor en Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Abogado en ejercicio. Colaborador de EL PAÍS desde hace 15 años.
6024455000






