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Trump/Trump 2024

Enero 10, 2021 - 11:55 p. m. Por: Guillermo Puyana Ramos

El 8 de enero pasado el presidente Donald Trump lanzó su campaña 2024. Ese día finalmente aceptó que “una nueva administración” asumirá el 20 de enero en cabeza de Joe Biden. Fue un discurso leído a regañadientes, sin ganas, editado, no en vivo. Algunos medios destacaron que Trump se comprometía a una sucesión “impecable y ordenada” y llamaba al país a “sanar y reconciliarse”, otros señalaban lo tardío e hipócrita de una declaración hecha luego que él y sus más fieles escuderos incluyendo su hijo Donald John Trump Jr. desataron el caos del 6 de enero, con cinco muertos en los ataques al capitolio incluida una mujer a la que le dispararon dentro del edificio mismo.

Pero sobre todo se dirigió a su electorado: “A mis maravillosos seguidores” a quienes les dijo que “este increíble viaje solo comienza”. Trump tiene claro que luego de 4 años del peor ejercicio presidencial en la historia de los Estados Unidos, hay una base pendiente de sus órdenes y listos a organizarse para retomar el poder. En su versión más extrema es gente que se siente traicionada porque el presidente declinó ante la presión de su partido y las renuncias masivas en su gabinete, pero lo perdonará como le perdonó haber cruzado todas las líneas rojas de la decencia. Porque Trump no se debe al Partido Republicano sino a ellos.

Recordemos la agresiva campaña de 2016 y cómo los líderes republicanos se opusieron a Trump, incluido el hoy ultratrumpista Ted Cruz (Mentiroso Ted lo llamaba Trump). Cómo Trump los insultó a todos hasta que se retiraban de la campaña obligados por los resultados. Cómo la alianza republicana ‘Never Trump’ complotó para desconocer los resultados de las primarias en los Estados para que los delegados votaran por uno que no había ganado el voto popular, incluyendo el mismo Ted Cruz, o hasta un tercero que no había sido parte de las elecciones, pues el sistema permite perder en voto popular y aún así salir elegido. ¿ Déjà vu?

Los electores de Trump son conservadores, indudablemente, pero no necesariamente republicanos. Los identificó en su discurso inaugural del 20 de enero de 2017 como “olvidados y desposeídos”, víctimas de la destrucción del trabajo obrero, el globalismo liberal y un sistema dominado por políticos y corporaciones multinacionales. A esos seguidores Trump les dijo en 2017 que habían recuperado el poder, que no se trataba solo de una sucesión de un partido a otro. Esas son sus hordas fieles que en 2020 atacaron el Congreso para impedir el último acto protocolario de lo que decían era una elección fraudulenta.

“Madres y niños atrapados en la pobreza en las ciudades interiores; fábricas oxidadas esparcidas como tumbas a lo largo del país; un sistema educativo opulento que excluye del conocimiento a una juventud hermosa” las familias a las que la droga y el pandillismo “han robado demasiadas vidas”. Cansados de la charlatanería de los políticos y sabiendo que esa América existe, Trump les prometió acción.
Horas antes de los disturbios, Donald III se dirigió a la ‘Save América March’, la multitud que instantes después se tomaría el capitolio y a los congresistas republicanos que iban a votar sobre la elección: “Pueden ser héroes o nada (“You can be a hero, or a zero”)… los estamos vigilando, escojan sabiamente”. Y remató: “¡Este ya no es su Partido Republicano! Este es el Partido Republicano de Donald Trump!”.

Trump regresará en 2024, él mismo o en cuerpo ajeno, quizás Donald III, a acabar con lo que quedó en pie en 2020 y no necesita al partido, sino a los trumpistas.

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