¿Qué pasó, si todo estaba bien?

Septiembre 18, 2022 - 11:55 p. m. 2022-09-18 Por: Guillermo Puyana Ramos

La historia del plebiscito constitucional chileno tiene dos puntas. En 2020, el 78% de los electores chilenos votaron por cambiar la Constitución de 1980. Luego, en 2022, el 62% rechazó la propuesta presentada por una asamblea constitucional dominada por una coalición de centro e izquierda. Entre estas dos elecciones tuvo lugar la elección de Gabriel Boric en 2021 que ganó holgadamente en segunda vuelta con un apoyo del 56% de los electores, dejando rezagado por casi 12 puntos al ultraderechista José Antonio Kast.

Últimamente nos ha dado por reflejar en Colombia la situación chilena, con el automatismo y la simplicidad de los análisis en FM y Twitter y en general se proclama una derrota de Gabriel Boric cuya elección presidencial es posterior al plebiscito de 2020 y la conformación de la Constituyente que elaboró la propuesta de reforma derrotada.

El resultado chileno se recibió con frustración en el progresismo latinoamericano, que reaccionó con cabeza caliente, como el trino irresponsable del presidente Gustavo Petro sobre la resurrección de Pinochet, totalmente inapropiado para un jefe de Estado en relación con los resultados electorales de otro país. En la derecha en cambio se recibió con alborozo, como si no existieran el 78% de 2020 por el cambio constitucional ni el 56% para elegir presidente a Gabriel Boric.

Las dos interpretaciones de un instante de la vida política latinoamericana están determinadas por el subjetivismo y la simplificación extrema que impone una comunicación dominada por redes sociales y los formatos de respuestas rápidas a preguntas simples sobre fenómenos complejos.

Cuando oigo los analistas de la derecha, hablando de cómo el resurgimiento de la izquierda en países como Chile y Argentina, muy probablemente en Brasil también y el triunfo de Petro en Colombia, arriesgan el progreso y la democracia logradas por gobiernos de derecha, me asalta la pregunta de qué pasó entonces, si todo estaba tan bien. Lo mismo cuando los analistas de izquierda dicen que las derrotas que les inflige la derecha amenazan el desarrollo social y la equidad.

¿Qué pasó si todo estaba tan bien? Si Chile era el ejemplo de progreso y desarrollo ganado por la sabiduría mercantilista de Sebastián Piñera, ¿cómo fue que sucedió el impresionante levantamiento popular de 2019?, si la derecha lo hacía tan bien, ¿por qué la paliza a Kast en 2021? Si la reforma constitucional recogía todas las aspiraciones populares chilenas que se expresaron violentamente dos años antes, ¿cómo fue que el resultado del plebiscito fue tan humillante?

Como vivo convencido que ningún pueblo se levanta contra un gobierno que lo favorece, creo que en ambos casos hay una desconexión con la realidad que vive la gente. Así como he sostenido que la elección de Gustavo Petro tuvo mucho que ver con que interpretó el paro nacional de 2021 mejor que la derecha y entendió la fuerza popular que había detrás del tropel, digo que esa misma masa no quiere que sea aún más difícil conseguir empleo, ni las mujeres que respaldaron el paro quieren que a los baños a los que van sus hijas entren hombres que cambiaron su identidad a mujeres; en las veredas colombianas no quieren que se criminalice la riña de gallos.

Hay un riesgo grande de ruptura de la izquierda con esa conexión con las necesidades de la gente, si por cumplir con todos las imposiciones ideológicas de los extremismos identitarios, se hacen cosas ajenas a dichas necesidades o contra ellas.

Forzar la realidad para cumplir con un postulado teóricos, sería como cortarse los dedos para que calcen los zapatos, dirían los chinos.

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