Buenaventura, ¡solucionática!

Noviembre 27, 2022 - 11:55 p. m. 2022-11-27 Por: Guillermo Puyana Ramos

Según la Real Academia de la Lengua, un puerto “sirve para que las embarcaciones realicen operaciones de carga y descarga, embarque y desembarco”. Si al puerto no llegan cosas o personas para embarcar o desembarcar, no sirve. Algunos filósofos dirán que no sirve, no existe. Como en Tlön Uqbar Orbis Tertius, donde las cosas desaparecían si dejaban de servir la función para las que habían sido creadas: “Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte”.

Buenaventura está al borde de su irrelevancia como puerto internacional. No así como puerto colombiano en el Pacífico, para nosotros es estratégico, esencial, es nuestra ventana y puerta a la región económicamente más poderosa del planeta, el Asia Pacífico, donde está la mayor población, la mayor producción y el mayor comercio. Solo tenemos esa ciudad y su infraestructura para que Colombia pueda desarrollar su identidad como país de la cuenca del Pacífico.

Siendo eso un que nadie discute, hace décadas una combinación de burocratismo, corrupción, ineptitud y desidia pública cuatro vicios del Estado, pusieron al puerto en una situación de no retorno donde lo que menos hay es tiempo para seguir pensando y dilatar la solución para financiar la infraestructura indispensable para cumplir con dos objetivos estratégicos.

El primero, mantener el puerto funcional con las profundidades necesarias para que entren los buques de tamaños cada vez más grandes que mueven el comercio mundial. El segundo es garantizar las vías de entrada y salida al puerto desde el interior del país.

En ninguno de los objetivos vamos por buen camino. Aunque el acceso desde el interior ha mejorado, la vía desde Cali por Loboguerrero sigue colapsando porque llueve demasiado, o porque la bloquea algún actor social de la galaxia de comunidades investidas del super poder de paralizar al Estado sólo con el rugido, invocando intereses muy generales con objetivos muy locales o simplemente individuales.

Pero mientras el clima puede mejorar y las comunidades desactivar sus protestas, el acceso a Buenaventura desde el interior sigue siendo trágico, cualquiera que sea la vía por la que se entre, al puerto solo se llega por el raquítico puente de El Piñal.

Mención aparte hay que darles a las obras para mantener el canal de acceso en condiciones de navegabilidad competitiva internacional.
Luego de años de estudios, consultas y discusiones se llegó a una fórmula ideal de una alianza público privada sin uso de recursos del presupuesto y sin peajes. Pero a pocos días del final del gobierno anterior una decisión oscura de la ANI que ha sido objeto de censura severa por los gremios y protagonistas del desarrollo regional le metió tres velocidades de reversa. A tres meses de inaugurado el nuevo gobierno no se ha corregido el rumbo, ni se ha ratificado el error para saber si Buenaventura arranca con el proceso ya, o tiene que empezar otro que traerá una propuesta cuando el problema sea el doble de grave o imposible de solucionar.

En la cumbre de alcaldes del Pacífico el presidente Gustavo Petro hizo un diagnóstico acertado sobre nuestro litoral: es el único del Pacífico americano en el que solo hay pobreza. Otro diagnóstico, no un plan.
En 1994 la estrategia de desarrollo para construir paz se llamaba Plan Nacional de Rehabilitación. En una vereda en Nariño los funcionarios del gobierno exponían ‘la problemática’ y se levantó alguien del auditorio, de los que viven el problema todos los días y les dijo “ya no más problemática, estamos de acuerdo, ¿cómo es la solucionática?”.

Presidente: mande.

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