Llegó el día

Llegó el día

Junio 17, 2018 - 11:09 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Llegó el día de elegir presidente entre dos candidatos diametralmente opuestos. Es en momentos como este que nos debemos preguntar no solo qué país queremos sino qué condiciones debe tener quien va a gobernar. Es decir, más allá de las propuestas, es importante ser conscientes de las características profesionales y personales de ambos aspirantes. En últimas, quien gobierna y toma decisiones es un ser de carne y hueso.

Es importante que el próximo presidente genere confianza. Para ello es fundamental su coherencia, sinceridad y transparencia. Coherencia en posiciones y políticas pues la volatilidad y el reacomodo oportunista laceran la confianza; sinceridad, pues debemos rescatar el valor de la palabra, sin la cual la credibilidad y el liderazgo se desdibujan, y; transparencia: el no aparentar ser una cosa y ser otra, en todas las esferas de la vida.

Es importante que el próximo presidente escuche. La soberbia es mala consejera y en un gobernante es la ceguera. La vida es de matices y hay pocas verdades absolutas. Un gobernante que no escucha se aísla, se equivoca. Un aislamiento endógeno y exógeno, causado por la obnubilación connatural al poder y el inducido por los colaboradores que confunden lealtad y adulación. Pocos gobernantes escuchan; oyen, que es distinto.

Es importante que el próximo presidente sepa tomar decisiones y las tome. Gobernar es decidir, procurando acertar. Decidir prioridades, con quién y cómo gobierna, cómo ejecuta y comunica. Gobernar la mayoría de veces significa apagar incendios, escoger de soluciones subóptimas con sus costos y riesgos. Un gobernante tibio, que no decide o cambia de parecer como veleta en razón a como soplan los vientos, cae en desgracia.

Es importante que el próximo presidente sea buen gerente. Que tenga claro el norte y el rumbo, lidere con el ejemplo y exija con firmeza pero con respeto. Buen gerente no es el más ególatra o el que se impone sin argumentos. Más en la Presidencia, donde es necesario dar línea y delegar sin soltar la rienda, y en un gobierno central con exceso de entidades, desarticulado y paquidérmico, y que ha demostrado ser pésimo ejecutor.

Es importante que el próximo presidente no tenga odios y resentimientos. Que esté por encima de las rencillas propias y ajenas y acepte la crítica, incluso la injusta, y que se empeñe en cohesionar al país aunque sea una real odisea. No se trata de estar todos de acuerdo en todo, tampoco vivir agarrados por todo. El disentimiento es necesario, más en un país diverso, pero un Presidente no debe tener el alma fría y envenenada.

Es importante que el próximo presidente acate y respete las instituciones y la ley. En Colombia cabemos todos si actuamos bajo unas reglas de juego. Un país con normas e instituciones de plastilina está condenado al fracaso: ahí está la República Bolivariana de Venezuela, ejemplo de destrucción de riqueza, criminalidad e impunidad y falsedad democrática. No podemos poner en riego lo mucho construido, con sudor y lágrimas.

El voto es libre pero debemos ser responsables de la decisión que tomemos. Unos lo harán por Iván Duque y otros por Gustavo Petro; unos en blanco y otros no votarán. Opciones respetables con implicaciones diferentes. Ojalá al hacerlo, los colombianos tengan claro que los candidatos tienen visiones muy distintas de país, con prioridades, estilos de gobierno y características personales disímiles. Así que a votar pensando en el país y el futuro de nuestros hijos. Los partidos del Mundial dan espera, Colombia no.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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