Hay que hacerlo

Hay que hacerlo

Julio 15, 2018 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Hace seis meses escribí por última vez de Tumaco, a raíz de la decisión del Gobierno Nacional de hacer presencia con dos mil soldados y policías más, para tratar de poner orden en una región sitiada por el narcotráfico, la guerrilla y las bandas criminales. Esta vez es a raíz del asesinato de tres miembros del CTI en zona rural del municipio, cuando se lleva a cabo una guerra sin cuartel entre el Estado y el crimen organizado.

No es exagerado hablar de guerra. En Nariño hay un enfrentamiento a fondo entre las Fuerzas Militares, de Policía y la Fiscalía contra el narcotráfico, liderado éste por la red criminal de Walter Arizala alias Guacho, un disidente de las Farc, quien a la fecha ha logrado burlar una operación que involucra a más de diez mil soldados y policías que desde octubre del año pasado procuran restablecer el orden y la seguridad en la zona.

El vicepresidente Naranjo le ha dedicado tiempo a tratar de contener la violencia en la región, coordinando la presencia oficial y poniendo en marcha proyectos productivos y sociales, con un contingente de funcionarios, a partir de un plan estratégico definido hace cinco años para el puerto. Y en los últimos meses, el propio presidente Santos ha ido en tres ocasiones a Tumaco a anunciar medidas y procurar dar una voz de aliento.

La pregunta obvia que surge es, por qué con semejante esfuerzo institucional y con el Presidente y el Vicepresidente al frente, no ha sido posible rescatar a esa región de las garras del crimen y la violencia. Por qué todo lo que se hace en la zona se queda corto, no se aprecia o es arrasado por nuevos hechos de violencia. Por qué unos delincuentes de medio pelo tienen en jaque a medio departamento y de paso al Estado colombiano.

Igual que el resto de la Costa Pacífica, el trasfondo es la ausencia histórica del Estado, en todo: seguridad, servicios públicos básicos, vías de comunicación suficientes con el centro del país, y una educación y salud de buena calidad. Lo mínimo para una calidad de vida que permita el desarrollo de actividades privadas de carácter lícito. Es así que salvo casos contados, la inversión nacional y extranjera en la zona es casi inexistente.

Y en el caso del Pacífico nariñense, además de un subdesarrollo triste y vergonzoso, está el narcotráfico, que se vale de un entramado de ríos y selvas por donde entra y sale de todo, en especial drogas ilícitas y armas. Por algo se ha convertido en un lugar clave para abastecer de cocaína a los carteles mexicanos, catapultado a su turno por el incremento exponencial de los cultivos de coca, tras suspenderse la fumigación aérea.

La mayoría de gobiernos han diseñado planes para el Pacífico y recientemente para Tumaco, con ciertos resultados, pero insuficientes. La única manera de sacar la región de la postración es con voluntad política: un fondo con un presupuesto importante, una agencia de régimen privado que ejecute proyectos con celeridad y transparencia, mano dura contra el crimen, y revisar la estrategia de erradicación de cultivos ilícitos.

Reitero, lo que necesitan Tumaco y el Pacífico es que no se los mire como un problema sino como una oportunidad. Hacerlos parte de Colombia. No con acciones esporádicas o inversiones puntuales sino, con determinación política y presupuestal, proyectos estratégicos, vigilando cada peso, hasta lograr que llegue la inversión privada. Darle a la región y a su gente seguridad, un mínimo de desarrollo. Es posible, hay que hacerlo.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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