Dardos de hiel

Dardos de hiel

Julio 22, 2018 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Iván Duque no se ha posesionado y las críticas de algunos sectores no se detienen. Era de esperar pues no logran aceptar que ganó una candidato con una visión diferente a la que ha prevalecido en los últimos años y les talla además que está conformando un equipo calificado. Lo que lleva a creer que no están pensando en el bien del país sino en sus intereses y en tratar de demostrar que el presidente elegido no era el indicado.

Hace una semana connotados ciudadanos se fueron lanza en ristre contra los nuevos ministros de Hacienda y del Interior. Del primero, cuestionando el que hace casi una década dijera que el salario mínimo era muy alto, sacando de contexto su declaración; de la segunda, que estaba impedida para ser ministra por haber sido investigada en el pasado por parapolítica, aunque la Corte Suprema de Justicia hubiese cerrado su caso.

Similar ocurre con el designado Ministro de Defensa. Le han llovido rayos y centellas por decir que se necesita poner orden en la protesta social. Como si el orden, que está en nuestro Escudo y Constitución, fuese pecaminoso. Una cosa es la protesta social con violencia y transgrediendo los derechos de terceros y otra el ejercicio de ese derecho. En Ginebra y en París las protestas se realizan bajo reglas y si no, se impone el orden.

Si lo anterior fuese poco, debe agregarse la insinuación temeraria de algunos sobre la supuesta responsabilidad del nuevo gobierno en el asesinato de líderes aduciendo que con la elección de Duque algunos criminales se sintieron con licencia para matar y que hay una persecución organizada y sistemática contra la oposición al nuevo gobierno, cuando la Fiscalía ha dicho que la mayoría de las muertes están ligadas al narcotráfico.

Son ejemplos de cómo la intolerancia política envenena el alma y enceguece la razón. Ni Alberto Carrasquilla ni Nancy Patricia Gutiérrez tienen impedimento alguno para ser parte del gabinete del Presiente Duque, ni la declaración de Guillermo Botero fue desatinada. Ni tampoco el gobierno entrante es responsable de la ola de criminalidad. Es evidente que para algunos, todo lo que diga o haga Duque o sus ministros, está mal.

Bajo esa lógica, no se puede esperar que reconozcan, por ejemplo, que el gabinete está quedando bien constituido. No hay gabinete perfecto y dejar contento a todo el mundo es imposible -y poco recomendable-. Pero la mayoría de designaciones son acertadas. El equipo conocido combina personas con experiencia pública, conocimiento político y empresarial, con el aporte novedoso de un amplio grupo de tecnócratas y académicos.

Más allá de si los nuevos ministros son mayores o menores de cierta edad, hombres o mujeres, ateos, agnósticos o creyentes, negros, blancos o mestizos, todos responden además a un patrón: en ellos no prima su filiación política. Están ahí porque conocen a profundidad el tema que se les ha confiado o porque tienen la experiencia y el talante requerido para algunas tareas. Y se les debe medir por su gestión y no por anticipado.

Iván Duque no se ha posesionado y ya es blanco de críticas: la cuota inicial de lo que le espera. Y de lo difícil que será unir a los colombianos en torno a un proyecto de país. Lo increíble es que muchos de los dardos de hiel provienen de personas respetadas que se han rasgado las vestiduras reclamando tolerancia. Ojalá no sea tarde para que los intereses del país prevalezcan sobre las rencillas políticas, y sobre el odio personal.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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