Columnista

Marshall tropical

Creer que un régimen mafioso cooperará de buena fe, mientras se minimiza a la oposición organizada y se desconoce el liderazgo y el reconocimiento internacional de María Corina Machado, no es realismo: es soberbia.

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

17 de ene de 2026, 02:44 a. m.

Actualizado el 17 de ene de 2026, 02:44 a. m.

«Acabaré con la guerra de Ucrania en 24 horas». Medio millón de muertos después, sigue dándose palmaditas con Putin.

«Estamos al mando… (de Venezuela)» parece ser otra ilusión nacida de la megalomanía. Confía en que la operación del 4 de enero metió tanto miedo al chavismo que todos se volverán ovejas obedientes. No oye a Diosdado, a Padrino ni a la propia Delcy, que no lucen precisamente aterrados ni dispuestos a entregar privilegios, rutas y fortunas.

Surge el espejismo del Plan Marshall y el Dodge, invocados con entusiasmo, como si Europa y Japón se hubieran reconstruido con discursos, amenazas y sanciones. Suena bien hablar de estabilizar la economía reactivando el petróleo para luego transitar hacia elecciones y reconciliación, como si el problema fuese técnico y no criminal.

Pero los países de posguerra estaban derrotados, arrasados y bajo administración directa del ejército estadounidense, que llegó con inversión masiva, planificación conjunta y cooperación multilateral. No había regímenes mafiosos enquistados en el Estado ni ejércitos privados financiados por economías ilegales. Nadie estaba dispuesto a morir por los vencidos.

El Plan Marshall exigía consenso interno, reglas claras y reconstrucción institucional desde abajo. Lo que hoy se anuncia huele más a incautación de recursos estratégicos y a una ejecución dirigida desde Washington, sin desarrollo de capacidades locales y con la percepción de un negocio externo: primero los nuevos dueños, luego —si alcanza— el bienestar del país intervenido.

Liberar a Venezuela y abrir una etapa de prosperidad es un objetivo legítimo. Pero ignorar las razones del éxito de Marshall conduce al fracaso. Creer que un régimen mafioso cooperará de buena fe, mientras se minimiza a la oposición organizada y se desconoce el liderazgo y el reconocimiento internacional de María Corina Machado no es realismo: es soberbia.

Venezuela no necesita un virreinato con lacayos que no van a obedecer. Necesita poder ciudadano, instituciones propias, justicia y respaldo internacional coherente que empodere a los muchos venezolanos valiosos capaces de reconstruir su país.

Venezuela ya ha sufrido demasiado. Hay que develar ilusiones que la mantendrán en el ciclo de violencia y miseria.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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