Cadena de sueños

Cadena de sueños

Enero 06, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

“Cómprele una cajita de embolador y lo sienta al lado de la puerta de la casa, porque no va a servir para nada más.” Esas fueron las palabras del médico a María Emilia, la madre de Jeison Aristizábal, al diagnosticarle parálisis cerebral. Treinta y cinco años después la cajita de embolar es una fundación educativa y de rehabilitación que atiende más de 600 niños con discapacidad en el Distrito de Aguablanca. Y Jeison un héroe, de los de verdad.

Muchos conocen su vida, aún más luego de recibir el premio World Hero de la cadena de noticias CNN. Nació de pies y la partera -al no saber qué hacer- lo jaló de éstos causándole sin querer atrofia en la cadera, lo que lo condenó a varias cirugías desde niño y a largos periodos de postración en una cama y luego en una silla de ruedas. Y unos segundos de falta de oxigenación en el parto le ocasionaron una parálisis cerebral que afectó su habla.

Su madre, al saber que las facultades intelectuales de su hijo estaban intactas, se empeñó en que tuviera una vida normal y contó con un gran aliado: el propio Jeison. Decidieron que iría a un colegio para niños sin discapacidades. Al inicio sus compañeros se burlaban, le decían ‘Torcido’ y ‘Borracho’ por su dificultad para caminar y al vocalizar. No fue fácil para él, mas no tardó en ser respetado: en ser el líder del colegio y un alumno ejemplar.

Frustrado por su limitación física se empeñó en aprender a montar bicicleta. Le dijeron que estaba loco. Su mamá le ponía doble pantalón y camisa para que al caerse se golpeara menos. Se cayó una y mil veces al punto que en el barrio lo apodaron ‘Cholado’ porque vivía ‘raspado’. Hasta que lo logró. La bicicleta le permitió desplazarse sin ayuda por las calles polvorientas del Distrito y conocer en una travesía a un niño que le cambió la vida.

Escuchó de un niño con un problema similar al suyo y fue a verlo: lo encontró tendido en una cama sin poderse mover, ni siquiera a una pequeña sala a ver televisión. Valido de una periodista amiga publicó dos renglones en un diario local pidiendo en donación una silla de ruedas. Esa tarde apareció la silla que le cambió para siempre la vida al niño. Y se regó la noticia de que Jeison conseguía sillas de ruedas; no paró de sonar el teléfono.

Y sí, empezó con sillas de ruedas para niños con discapacidad en el barrio. Pero fue más allá: en el garaje de su casa, con un balón y una colchoneta, empezó a brindar terapias de rehabilitación. Luego fundó la Asociación de Discapacitados del Valle, que funciona en siete casas conectadas como un laberinto, donde ofrece educación preescolar y primaria a niños con y sin discapacidad. Y sueña con el bachillerato y convertirla en universidad.

Para ser feliz, dice Jeison, hay tres requisitos: agradecer, dar y tener un sueño. Por eso, todos los días se levanta con un sueño y lucha por alcanzarlo, y al día siguiente otro. ¡Una cadena de sueños! Persistir y nunca darse por vencido. No debe extrañar que estudiara dos carreras: comunicación social y luego, al ver la dificultad de los niños discapacitados para acceder al sistema de salud, aprendió a elaborar tutelas y decidió estudiar derecho.

Razón tuvo Bertolt Brecht al escribir: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos; pero hay quienes luchan toda la vida: estos son los imprescindibles.” Jeison es uno de los que ha luchado por sus sueños toda la vida. Para que los niños más pobres y con discapacidad de Aguablanca logren también soñar y convertir sus sueños en realidad.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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